San Luis, El Devoto Rey de Francia

Luis IX de Francia, conocido también como San Luis o Luis el Santo, fue uno de los reyes más ilustres en la historia de Francia. Gobernó por más de cuarenta años, participó en tres cruzadas, fue reconocido ampliamente por los distintos reyes europeos, reformó el proceso judicial, fue un defensor de la Cristiandad, y llevó a Francia a una edad de oro durante el segundo tercio del Siglo XIII. San Luis fue considerado por su pueblo y por la Iglesia, como un ejemplo de rey, de cristiano, y de persona.

Mucho de lo que sabemos de San Luis llega a nuestros días gracias al cronista Jean de Joinville, quien fue un amigo cercano del rey que redactó una detallada biografía suya. Dicho autor participó como testigo en la investigación papal sobre la vida de Luis IX, que resultó en su canonización en 1297 por el Papa Bonifacio VIII.

Vida Temprana y Consolidación en el Trono

El 25 de abril de 1214, durante la fiesta de San Marcos, nació Luis en el castillo real de Poissy. Él era hijo del heredero al trono francés, Luis el León, y de la infanta Doña Blanca de Castilla. Bautizado en la iglesia del Collégiale Notre-Dame el mismo día de su nacimiento, el pequeño Luis pertenecía a la más alta alcurnia occidental, puesto que su abuelo paterno era el rey Felipe II de Francia, y su abuelo materno era el rey Alfonso VIII de Castilla. Bajo el reinado de Felipe II, Francia se había erguido como la cabeza de la Cristiandad y uno de los reinos más poderosos de Europa.

Su madre Blanca priorizó la educación de sus diez hijos, pero dio particular énfasis en Luis, ya que era el segundo en la sucesión después de su padre. Blanca escogió personalmente a los tutores de su hijo, y se encargó de que este adopte un estilo de vida honesto y decoroso. La devoción cristiana que San Luis desarrolló con los años, fue gracias a la formación que su madre le proporcionó. Desde muy pequeño se le enseñó el latín, y recibió una educación con base en la oratoria, las artes militares, la filosofía (particularmente la agustiniana), teología, y la administración pública.

Blanca de Castilla, reina consorte de Francia, junto a su hijo, el futuro rey Luis IX

En 1223, cuando San Luis tenía nueve años falleció su abuelo, Felipe II Augusto, rey de Francia. Aquello suponía que su padre Luis el León heredase la corona francesa. Apenas asumió el poder regio, el coronado rey Luis VIII viajó a la Occitania para luchar en la cruzada albigense contra los cátaros: una herejía que había brotado en el sur francés bajo el amparo de los señores feudales de la zona. Después de guerrear por tres años, y asestar numerosas victorias contra el enemigo, el rey puso marcha de vuelta a París, solo para fallecer de disentería en el trayecto. Su último deseo fue que su hijo Luis sea coronado lo antes posible, y que su esposa y madre de este último, Doña Blanca, asuma la regencia del reino.

Fue así como un San Luis de doce años, quedó huérfano de padre. En el primer día de adviento del año 1226, el joven príncipe fue coronado en la Catedral de Reims como Luis IX de Francia. Como San Luis aún era menor de edad, la regencia, así como su tutoría, fue cubierta por su madre Blanca y por el cardenal Romain de Saint-Ange. Desafortunadamente para el joven rey y su madre, los nobles franceses no hicieron sencilla la tarea de la regencia, pues se mostraban recelosos con la reina, quien – recordemos – era extranjera. Varios de los monarcas europeos contemporáneos, vieron el reinado temprano de San Luis, como una suerte de diarquía entre madre e hijo.

Luis IX el Santo, rey de Francia, siendo coronado en la Catedral de Reims (1226)

En 1227, Francia se encontraba en una situación precaria: al este se encontraba el Sacro Imperio Romano, al norte Inglaterra (resentida por sus derrotas a manos de Felipe II, el abuelo de San Luis), y al sur los rebeldes nobles occitanos y los herejes cátaros. La amenaza más latente era esta última. Aprovechando la coyuntura que supuso la muerte de Luis VIII, el conde Raimundo VII de Toulouse, líder de la coalición de nobles occitanos, asaltó dos castillos feudatarios del rey en 1228.

Como represalia, las fuerzas leales al rey de Francia invadieron la Occitania, y lograron llegar hasta las murallas de Toulouse. Raimundo VII no tuvo más remedio que rendirse, y Blanca lo obligó a someterse al Tratado de París-Meaux de 1229. Mediante dicho tratado, Raimundo renegó de la herejía cátara, y se comprometió a perseguirla y erradicarla de su territorio. Ello incluía la creación de una universidad, donde se enseñaría la recta doctrina cristiana. Del mismo modo, se estableció un futuro matrimonio real entre Juana, la única hija del conde de Toulouse, y Alfonso, uno de los hermanos de San Luis. El objetivo de aquel casamiento era anexar el Condado de Toulouse a la corona francesa.

Por su parte, los nobles franceses se mostraban contrarios a rendir vasallaje al joven rey, mientras Blanca, la extranjera, sea la regente del reino. Ello llevó al rey a caer víctima de todo tipo de conspiraciones e intrigas, una de ellas estuvo encabezada por su tío, Felipe Hurepel de Clermont. Este influyente miembro de la alta nobleza guardaba resentimiento al no haber sido nombrado él regente. Por lo tanto, persuadió en secreto a otros personajes poderosos, como Pedro I de Bretaña, Roberto de Dreux, y Teobaldo IV de Champaña, en una causa para capturar al rey y apartar a Blanca de la regencia. A pesar de todo, Luis y Blanca lograron poner al pueblo francés de su lado, debido a sus duras legislaciones contra nobles y obispos que abusaban de su poder.

Miniatura de Luis IX el Santo, rey de Francia

Durante la revuelta nobiliaria, San Luis supo actuar con diligencia e inteligencia, fue astuto y aprendió de sus errores, y paulatinamente comenzó a recuperar la confianza y el respeto hacia la corona francesa. El último bastión rebelde fue el Ducado de Bretaña, y a pesar de la deslealtad y sedición que manifestó su duque Pedro I, San Luis supo perdonarlo a cambio de que reconociese el vasallaje.

En 1234, ya con diecinueve años, San Luis pudo emanciparse de la regencia y asumir el poder regio plenamente. Ese mismo año, por consejo de su madre y de los nobles del reino, el rey contrajo matrimonio con la princesa Margarita de Provenza, con quien tuvo once hijos: seis varones y cinco niñas. Su matrimonio fue de los más felices y fieles de entre los relatados en las crónicas medievales.

Naturaleza Religiosa

Durante el reinado de Luis IX, la fama de su valerosidad, humildad, austeridad, piedad y religiosidad era ampliamente reconocida en Europa. Él fue un católico muy devoto, de mucha fe, penitencia, disciplina en la abstinencia, y de constante entrega, al punto que su piedad y espíritu de fe podían llegar a asemejarse más a un monje cristiano de la época que a un rey. Esto fue así, ya que la religión influenció su modo de conducirse y de actuar en la vida.

San Luis asistía a misa dos o tres veces al día, recitaba el Oficio Litúrgico junto a su capellán, se confesaba todos los viernes, rezaba el rosario todos los días, fue muy riguroso en los ayunos y abstinencia en Adviento y Cuaresma, y siempre encontraba espacio para su respectiva plegaria privada. No obstante, su deber como monarca le fue obligando a reducir su actividad religiosa. San Luis y Margarita transmitieron esta actitud y valores a sus once hijos, del mismo modo que la reina Blanca educó a Luis y lo formó en el camino de la fe.

Por extensión, San Luis también destacó por sus obras de caridad y de misericordia. Respetaba enormemente a los religiosos que voluntariamente asumían una vida humilde, y llevó a cabo varios proyectos y políticas con el objetivo de servir a los pobres y a los enfermos. Durante el reinado de Luis IX aparecieron múltiples organizaciones benéficas que él mismo patrocinaba, y habitualmente acudía a estos albergues para atender personalmente de los más necesitados. Abrió refugios para ciegos y prostitutas, hospitales para enfermos, hospicios para peregrinos, y hogares para huérfanos. Se podría decir que intentaba imitar el estilo de vida de Jesucristo.

Luis IX y los Pobres, por Guillaume de Saint-Pathus París, Bibliotheque nationale de France

La religiosidad de San Luis también se vio plasmada en las numerosas catedrales e iglesias que envió a construir. La más destacable de estas edificaciones es Sainte-Chapelle, ubicada en el otrora palacio real de París, puesto que esta obra ejemplar del gótico radiante sirvió como santuario de varias santas reliquias que San Luis recolectó con diligencia. Aparentemente, en 1241 el emperador latino Balduino II de Constantinopla vendió la mismísima Corona de Espinas a un comerciante veneciano para pagar las deudas que contrajo durante sus guerras. Cuando San Luis se enteró, se vio obligado a ofrecer una exorbitante suma de dinero a los venecianos con tal de recuperar aquella reliquia sagrada. En Sainte-Chapelle no solo colocó la Corona de Espinas, sino un fragmento de la Vera Cruz, y el hierro de la Lanza de Longinos.

La Francia de San Luis

El reinado de San Luis significó el máximo apogeo de la Francia medieval, y durante el ”Siglo de Oro de San Luis”, Francia fue el reino líder en la política y economía europea. Varios de los monarcas contemporáneos reconocieron en Luis IX la dignidad de primus inter pares, puesto que comandaba el ejército más grande y poderoso, y era el soberano del reino más próspero del continente. Además, Francia servía como el centro de la reproducción cultural en la forma de arte, arquitectura, letras y música. Resalta el hecho de que San Luis sentó las bases para la fundación de la prestigiosa Universidad de la Sorbona de París, en la forma de un notable colegio de teología.

Cabe destacar que el patronazgo real de las artes permitió la expansión del arte gótico, y la aparición de distintas innovaciones artísticas y arquitectónicas. San Luis promovió un estilo particular del gótico entre su corte, el cual se exportó al resto de Europa gracias a las compras de obras de arte a los grandes artistas parisinos, a las famosas ferias de Champaña, y a los diversos matrimonios reales de las hijas del rey, y de parientes femeninas, con señores extranjeros. Todos estos agentes, se convirtieron en una suerte de embajadores y difusores del estilo artístico parisino, y permitieron la expansión de la moda francesa en otras partes de Occidente.

Por ejemplo, la capilla personal de Luis IX, Sainte-Chapelle, fue ampliamente reconocida por sus vidrieras de colores, y sería copiada en otros lugares por posteriores reyes franceses. Además de Sainte-Chapelle, encontramos la Catedral de Chartres, la de Reims, la de Amiens o la de Beauvais, como destacados ejemplos de la arquitectura gótica francesa.

Interior de Sainte Chapelle, capilla real de la Île de la Cité, templo gótico

El ideal de gobierno que fundamentó la política de San Luis, estuvo basado en las normas doctrinales marcadas por la Iglesia. Luis buscaba asegurar tanto la sanidad espiritual como el bienestar terrenal de sus vasallos y súbditos, del mismo modo en que fue planteado en la época carolingia. Es más, según Joinville ”el pueblo común le llamaba (a San Luis) padre verdadero, la nobleza, justo príncipe y conservador de las leyes”.

No obstante, San Luis también fue un reformista. Por ejemplo, prohibió la usura en todas sus manifestaciones (aunque en la práctica se trató de un forma de recolectar fondos de prestamistas judíos o lombardos para poder invertirlos en sus cruzadas). Desterró de su reino a ladrones y bandidos; y del mismo modo, introdujo elementos novedosos en los procesos criminales como la presunción de inocencia, prohibió los duelos judiciales, las ordalías y las guerras privadas, y otorgó al rey la facultad de juez supremo, puesto que permitió que cualquiera pudiese apelar al rey para conseguir una sentencia. San Luis también puso en circulación una moneda por todo el Reino de Francia, la cual acentuaría la unidad francesa en perjuicio de la división existente del territorio en señoríos feudales.

Por otro lado, San Luis presenció la Disputa de París de 1240, donde se acusó al Talmud judío de blasfemia. Sucedió que un judeoconverso, Nicolás Donin, tradujo el Talmud, y presentó 35 cargos en su contra al Papa Gregorio IX, donde citaba pasajes blasfemos. Hasta ese momento, tanto la Iglesia Católica como la monarquía francesa no habían mostrado mayor interés por el Talmud, especialmente porque consideraban las actividades de los judíos como fuentes de ingresos. Fue así como, con el propósito de ”librar a los judíos de su creencia en el Talmud” y para que pudieran ”volver al Judaísmo del Antiguo Testamento”, se quemaron todos los ejemplares del Talmud. Lógicamente, ello cambió en gran medida la percepción de los cristianos hacia los judíos.

Quema de ejemplares del Talmud tras la Disputa de París

Aunque San Luis era un hombre de fe y un monarca prestigioso y respetado, él tuvo varios enemigos poderosos a los cuales tuvo que enfrentar con tal de proteger sus dominios. Uno de sus enemigos más poderoso fue el rey de Inglaterra, Enrique III, con quien entró en una guerra dinástico-feudal en 1242.

Anteriormente, el rey Luis VIII, el padre de San Luis, había conquistado de los ingleses Poitou y La Rochelle, y dejó la zona como un infantazgo a su hijo menor, Alfonso. Cuando Alfonso alcanza la mayoría de edad en 1241, San Luis IX anunció que su hermano entraría en posesión plena del Condado de Poitiers. No obstante, el noble Hugo X de Lusignan, conde de Angulema y La Marche, no era partidario de una mayor influencia de los Capetos en la región de Aquitania, y acudió a Enrique III de Inglaterra por apoyo militar.

El resultado de aquella conjura devino en una guerra entre Francia e Inglaterra junto a sus respectivos vasallos. En 1242, San Luis venció a las tropas inglesas en Taillebourg y Saintes, lo que obligó al conde Hugo a pedir la paz. En 1259, Francia e Inglaterra lograron firmar el Tratado de París, el cual aseguraba una paz relativamente estable: Inglaterra reconocería la soberanía de los Capetos sobre Normandía, Maine, Anjou, Poitou, y la Turena, y Francia permitiría a Inglaterra conservar la Guyena.

Francia durante el reinado de Luis IX el Santo, (circa 1260)

Las Cruzadas de San Luis: Campaña en Egipto y Tierra Santa

En 1244 una noticia devastadora recorrió Europa: los musulmanes ayyubíes volvieron a arrebatar Jerusalén a los cristianos. Al enterarse de la noticia, el Papa Inocencio IV convocó un Concilio Ecuménico en Lyon en 1245, donde proclamaría una nueva cruzada (la séptima) y delegaría su mando a San Luis. Siendo un hombre de fe, el ideal de cruzada y la liberación de los santos lugares entusiasmó al rey de Francia, y comenzó a hacer los preparativos. No obstante, la expansión territorial, la ampliación de la esfera de influencia, y el comercio Mediterráneo, también pudieron haber influenciado en la decisión de San Luis.

Por tres años el rey recolectó fondos, y en 1248 concluyeron los preparativos: se reunieron una flota de invasión y un potente ejército, se construyeron armas de guerras, y se levantó un puerto en Aigues-Mortes. Antes de partir hacia la cruzada, San Luis hizo sus respectivas oraciones, y nombró a su madre Blanca como la regente. En agosto de ese año, la compañía de cruzados zarpó de Aigues-Mortes rumbo a Chipre.

Luis IX parte hacia la cruzada en el verano de 1248

Junto al rey marchaban su esposa Margarita de Provenza, y sus hermanos Carlos de Anjou y Roberto de Artois. Al año siguiente se les unirían su hermano pequeño, Alfonso de Poitiers, junto a su mujer Juana de Toulouse. También se sumarían los duques Hugo IV de Borgoña y Pedro I de Bretaña, el conde Hugo X de Lusignan, el cronista Jean de Joinville, y varios veteranos de la cruzada albigense.

En septiembre, la flota de San Luis llegó a Limasol, en Chipre. Ahí el rey dio revista a su flota, y se reunió con todos los aliados para coordinar un ataque conjunto. Ahí acudieron los grandes maestres de los templarios y hospitalarios, los príncipes Bohemundo V de Antioquía y Guillermo II de Acaya, entre otros señores occidentales. También acudió una comitva mongola, con el objetivo de negociar una potencial alianza contra el Sultanato Ayyubí. Pero este esfuerzo resultó esteril, puesto que los mongoles solo deseaban recolectar tributos, como si se tratase del tributo de un vasallo, y no tenían el interés real de formar una alianza.

Mapa Esquemático de la Séptima Crusada

Los líderes cristianos acordaron atacar Egipto, el centro del poder musulmán, y tomar todo el valle del Nilo. En junio de 1249, las tropas de San Luis desembarcaron en las playas egipcias y fueron a por la ciudad portuaria de Damieta. La población local huyó al ver al envalentonado ejército cristiano atacar la ciudad, y ante el pánico generalizado y desánimo de las tropas, el visir Fajr ad-Din hizo evacuar Damieta.

Aunque estaba gravemente enfermo de tuberculosis, el sultán ayyubí, Al-Salih, se preparó para la guerra: agrupó a su ejército y se instaló en Mansura (una ciudad de camino a El Cairo). Por su parte, los cristianos permanecieron atrincherados en Damieta por cinco meses, debido a que el sofocador calor de verano y las inundaciones del Nilo hubieran hecho imposible la expedición. A pesar del panorama desfavorecedor, San Luis no perdió tiempo: reorganizó Damieta, cambió la mezquita por catedral, y asignó mercados a las repúblicas italianas.

Sin embargo, como el sultán recompensaba generosamente por cada cabeza cristiana que le trajesen, se produjeron escaramuzas en los alrededores de Damieta. Incluso, en varias ocasiones los sarracenos entraron a los campamentos cristianos de noche y decapitaron a cuantos podían.

Saint Louis arrive devant Damiette en Egypte de Gustave Doré

Finalmente en noviembre se inició el avance hacia El Cairo. La marcha fue lenta, puesto que el Nilo tardaba en descender y se habían producido acequias producto de las inundaciones, por lo que el terreno estaba cuajado de canales que obstaculizaban el paso de los caballos. A medida que avanzaban, los sarracenos acosaron constantemente a las huestes del rey. Mientras los cruzados avanzaba, el sultán Al-Salih fallecía, por lo que se formó un gobierno provisional encabezado por la viuda y los generales mamelucos.

A finales de diciembre de 1249, el ejército de San Luis llegó al canal de Ashmun (un afluente del Nilo). Frente a ellos estaba Mansura. Para atravesar el río, los cruzados se dedicaron a construir un puente, pero los constantes hostigamientos de los sarracenos (quienes empleaban desde jabalinas hasta fuego griego) hicieron difícil la tarea. No obstante, Roberto de Artois logró cruzar el canal a través de uno de los vados, gracias a la inteligencia que proveyó un copto de una localidad cercana. A pesar de que Luis prohibió la dispersión, Roberto se adelantó y se infiltró en Mansura. Los comandantes templarios le aconsejaron prudencia al conde de Artois, pero este se abalanzó sobre el enemigo y decidió atacar por sorpresa a los ayyubíes. Pero un vez dentro de Mansura no hubo escapatoria, pues los egipcios los masacraron en las callejuelas.

A inicios de febrero, cuando el ejército de San Luis terminó de cruzar el río, se produjo una batalla contra los sarracenos que acabó con victoria cristiana. Frente a Mansura se estableció un campamento, y el rey aprovechó para sepultar a los fallecidos, los cuales flotaban sobre el Nilo. Debido a la contaminación del Nilo, una epidemia golpeó a los cruzados. Mientras ello sucedía, el nuevo sultán ayyubí, Turan Shah, llegaba desde el frontera del Tigris para asumir el trono de su padre. Turan Shah ordenó cortar las líneas de abastecimiento del ejército francés, y por lo tanto, hubo hambre en el campamento de San Luis. Sitiados y amenazados, los cristianos emprendieron la retirada a Damieta en abril de 1250.

Mientras los cristianos intentaban replegarse a Damieta, una facción sarracena atacó la retaguardia del ejército de San Luis, lo desbarató, e hizo prisioneros a los supervivientes, incluyendo al rey. En medio de los abucheos, insultos y blasfemias, los cruzados cautivos fueron conducidos devuelta a Mansura.

Los sarracenos procuraron ser precavidos con su trato hacia San Luis, ya que su muerte provocaría una respuesta fulminante por parte del papa y de los otros monarcas católicos. El sultán vio que le convendría vender a sus prisioneros más valiosos, y por lo tanto se abrieron negociaciones para su liberación. Durante su cautiverio, San Luis se mostró fuerte frente a su enemigo, e incluso el sultán Turan Shah se apiadó de su rival, le proveyó un médico (ya que estaba enfermo de disentería) y le permitió convivir con su capellán, Guillermo de Chartres.

San Luis IX prisionero en Egipto, grabado de Gustave Doré

En Damieta, Margarita se enteró del desastre de la cruzada y de la captura de su esposo, cuando estaba en cinta. Debido a las lamentables circunstancias, ella llamó a su hijo Juán Tristán. Al final se acordó el pago de un millón de bezantes y la devolución de Damieta al sultanato como precio del rescate de los cruzados.

Sin embargo, a inicios de mayo de 1250, el sultán ayyubí Turan Shah fue acuchillado por los mamelucos, quienes usurparon el poder en el ahora Sultanato Mameluco de Egipto. A pesar del golpe de Estado, San Luis y los suyos fueron liberados, pero apenas llegaron a Damieta, tuvieron que abordar las galeras con destino a San Juan de Acre, capital del Reino de Jerusalén tras la caída de la ciudad homónima. Lamentablemente, los heridos que quedaron en Damieta fueron masacrados por los mamelucos, a pesar de su promesa de que iban a respetarlos.

Assassinat de Tûrân Shâh. Guillaume de Saint-Pathus, Vie de Saint Louis

Cuando el rey francés llegó a Acre fue recibido con pompa y honores, y como el virtual rey Conrado II de Jerusalén estaba ausente, el regente Juan de Ibelín cedió el poder fáctico a Luis IX. No obstante, debido a la precaria situación del Este Latino y a las limitadas fuerzas que contaba (pues varias se regresaron a Francia), San Luis optó por una actitud más templada y apostó por la diplomacia con los sarracenos.

Sucedió que tras el golpe mameluco en Egipto, el ayyubí An-Nasir Yusuf se apoderó de Damasco y se hizo con toda Siria. Por lo tanto, tanto mamelucos como ayyubíes sirios intentaron persuadir a San Luis de unirse a sus respectivas causas. Luis actuó con inteligencia, pues era consiente que los mamelucos aún retenían cautivos a varios cruzados, y envió una delegación a El Cairo para efectuar el rescate. Tras arduas negociaciones, San Luis concretó la liberación de 3000 prisioneros, incluyendo al gran maestre de los hospitalarios.

La sola presencia del rey de Francia en Tierra Santa fue suficiente para unir a todos los señores latinos del Oriente en una causa común, puesto que todos se sometieron a su arbitraje. San Luis logró mediar las disputas sucesorias en el Principado de Antioquía y el Reino de Chipre, y además hizo fortificar las ciudades neurálgicas del Este Latino, como Cesarea, Jaffa o Sidón (la cual fue reconstruida tras un devastador saqueo). Curiosamente, San Luis intercambió cartas con los señores mongoles, quienes invadían el Medio Oriente en aquellas fechas, e incluso envió dos embajadores dominicos a la corte del gran khan.

Sin embargo, cuando San Luis recibió la noticia de que su madre Blanca había fallecido, entendió que convenía embarcarse de vuelta a Francia. La muerte de su madre, la hostilidad del rey de Inglaterra, los levantiscos nobles, la guerra civil de Flandes, y el decreciente apoyo europeo por la causa cruzada, hicieron que San Luis partiera de Acre en 1254, dando por finalizada la séptima cruzada.

Miniatura San Luis y Margarita partiendo de Acre rumbo a Francia

Las Cruzadas de San Luis: La Expedición a Túnez

A pesar de que San Luis se lamentaba de no haber logrado recuperar Jerusalén, él nunca abandonó el entusiasmo por hacer la guerra santa contra el infiel. Por ello, cuando recibió la noticia de que los cristianos de Tierra Santa padecían ante las invasiones de los mamelucos del temido sultán Baibars, inmediatamente puso en marcha los preparativos para una nueva cruzada.

En 1267, San Luis, junto a sus hijos Felipe, Juan Tristán y Pedro, y el rey Teobaldo II de Navarra, hicieron sus votos de cruzados. Originalmente, Luis pretendió liderar la cruzada contra los mamelucos en Egipto, pero su hermano Carlos de Anjou le convenció de redirigir la expedición hacia el Emirato Háfsida de Túnez. De acuerdo a Carlos, quien además era rey de Sicilia, el emir tunecino estaba dispuesto a abandonar el Islam y abrazar la fe cristiana. Como a Luis IX le atraía la idea de la creación de un reino cristiano en el norte de África, tomó la decisión de partir hacia Túnez.

En julio de 1270 los cruzados arribaron a Cartago. Sin embargo, contrario a lo esperado, el emir de Túnez no tenía ningún interés en renegar de la fe islámica, y más bien resolvió defenderse de los invasores cristianos. Las tropas cruzadas ocuparon los alrededores de Cartago e instalaron ahí el campamento. Como San Luis estaba dispuesto a no volver a cometer los errores de 1250 en Egipto, decidió esperar a su hermano Carlos de Anjou con los refuerzos.

No obstante, el sofocador calor del verano, la escasez de saneamiento, y una epidemia de disentería, causaron terribles estragos entre las huestes de San Luis. Todas estas condiciones llevaron a una considerable pérdida humana, y entre los fallecidos destacó Juan Tristán, uno de los hijos de San Luis. A pesar de la desafortunada situación, el rey se empeñó en cuidar de todos los enfermos, y dado a ello también contrajo la peste. Fue así como el 25 de Agosto de 1270, falleció Luis IX el Santo, rey de Francia, en plena octava cruzada. Poco antes de morir, se encomendó a Felipe, su hijo y heredero, y le entregó un testamento espiritual. Automáticamente, el joven príncipe se convirtió en Felipe III, rey de Francia.

Muerte de Luis IX de Francia en Túnez

Legado y Beatificación

Mientras se anunciaba la muerte de San Luis en el campamento cristiano de Túnez, Carlos de Anjou llegó con los refuerzos. Debido a que el ejército había sido diezmado por la epidemias, los líderes cristianos acordaron firmar una tregua con el emir de Túnez. Poco después de la firma del tratado, los cruzados abandonaron el norte de África. Sin embargo, mientras la flota francesa se retiraba, un contingente inglés – liderado por el príncipe Eduardo Longshanks – viajó hasta Acre, y encabezó una última gran cruzada en Tierra Santa.

Tras la desafortunada expedición, en 1271 Felipe III fue ungido rey en Reims. En cuanto a los restos de San Luis, estos fueron recogidos por su hermano Carlos, el rey de Sicilia, para poder realizar un entierro digno de un rey: sería sepultado en la necrópolis real de Saint Denis. A diferencia del extraordinariamente largo y robusto reinado de su padre Luis IX (1226-1270), Felipe reinó por quince años, en los cuales continuaría con la política doméstica de San Luis, incorporaría Navarra al patrimonio real, y declararía la guerra a Aragón tras su conquista de Sicilia. No obstante, el espíritu de cruzada que tanto caracterizó a San Luis fue muriendo con los años, e incluso, las posesiones cristianas en Tierra Santa se perdieron dos décadas después (1291) con la captura mameluca de San Juan de Acre.

Debido a su estilo de vida devoto, a sus virtudes caritativas, y a sus atributos personales, San Luis fue canonizado en 1297 por el Papa Bonifacio VIII. A partir de su beatificación, la figura de San Luis trascendió y se convirtió en un símbolo, un concepto de liderazgo y de cristiandad con el cual varios reyes se identificaron e incluso llegó hasta el nuevo mundo, pués San Luis es, hasta el día de hoy, el nombre de múltiples localidades: San Luis de Potosí (México), Provincia de San Luis (Argentina), St. Louis (Missouri, Estados Unidos), etc.

Bibliografía y Referencias

Joinville, J. Crónica de San Luis rey de Francia, nieto del rey D. Alfonso el VIII de Castilla. Madrid 1794.

Arista, M. (2016). San Luis Rey de Francia: símbolo de identidad que transitó del ámbito religioso al ámbito de lo civil [Tesis de Maestría, Universidad Autónoma de San Luis de Potosí]. Repositorio Institucional de la UASLP. https://repositorioinstitucional.uaslp.mx/xmlui/bitstream/handle/i/6110/TesisM.FH.2016.San.Arista.pdf?sequence=1&isAllowed=y

Kunz Della Puppa, F. (2019). San Luis Rey de Francia, Patrono de la Diócesis de San Luis, Argentina. [Archivo de Video]. https://www.youtube.com/watch?v=XyVf26dcMrM&t=3339s

Garrido, A. (2019). FRANCIA MEDIEVAL 5: El Siglo de San Luis, las Cruzadas Menores y el fin de los Capetos (Historia). [Archivo de Video]. https://www.youtube.com/watch?v=S_z2Do5c3vs

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