Las Guerras Macedónicas y el Reformismo del Siglo II a.C.

Entrando en el Siglo II a.C., los pueblos del Mediterráneo veían como Roma se volvía implacable, con un dominio indiscutible, y con la anexión de Hispania finalizada la Segunda Guerra Púnica, se había convertido en un imperio bajo la fachada republicana. El rey Filipo V de Macedonia se mostraba reacio a aceptar la posibilidad de que el dominio romano se extendiese fuera de Italia. Asimismo sentía sus frágiles fronteras amenazadas, debido a que los romanos habían anexionado territorios en Iliria.

La Hélade (220 a.C.)

Las Guerras Macedónicas

En plena Segunda Guerra Púnica, en el año 215 a.C., la inestable relación entre macedonios y romanos derivó en la Primera Guerra Macedónica. El motivo: la consolidación de la alianza de Filipo V con Aníbal Barca y otros enemigos de Roma, para que de esta forma Macedonia pueda reclamar Iliria. Los protectorados romanos en Iliria acudieron a Roma, dada a las intenciones agresivas del rey macedonio.

Roma forjó una alianza con varias polis griegas y estados helenos, que buscaban emanciparse del yugo macedonio. La primera fue Etolia, quien se comprometió a atacar a Filipo V por tierra mientras Roma atacaba por mar. A Etolia se le unieron los reinos de Pérgamo y Esparta.

Efigie de Filipo V de Macedonia

Aún teniendo todo en contra, los macedonios vencieron a sus enemigos; principalmente porque uno a uno fueron dejando el conflicto debido a problemas en casa, (por ejemplo Roma ya no se pudo permitir la guerra en Macedonia debido a la incursión cartaginesa en Italia). En el 206 a.C., se firmó la Paz de Fénice entre etolios y macedonios, poniéndole un fin a la guerra.

Simultáneamente, Roma había derrotado a los cartagineses de Aníbal Barca en la Segunda Guerra Púnica; y con ello sus planes expansionistas a través del Mediterráneo comenzaban a llevarse a cabo. Sus ojos estaban en Hispania, quienes a través de sus victorias en las Guerras Celtíberas, y las posteriores Guerras Lusitanas, acabaron adueñándose de toda la península.

Poco tiempo después, alrededor del 204 a.C., Rodas, Atenas y Pérgamo volvieron a acudir a Roma debido al temor producido por la alianza entre Filipo V de Macedonia y Antíoco III del Imperio Seléucida. En el año 200 a.C., fuerzas romanas desembarcaron en Grecia iniciando así la Segunda Guerra Macedónica. No fue hasta el 198 a.C., donde el cónsul romano Tito Quincio Flaminio llegó al frente de batalla. Fue Flaminio quien venció a los macedonios de forma definitiva en la Batalla de Cinoscéfalos en el 197 a.C.

Representación de la Batalla de Cinoscéfalos

De esta forma se firmó la Paz de Tempe, donde Macedonia perdió su hegemonía sobre las polis griegas, a quienes Roma impuso vasallaje. Además, los macedonios fueron reducidos a su propio territorio.

Aunque Filipo V había perdido gran parte de su hegemonía y autoridad en Grecia, aún gozaba de autonomía e independencia. Él terminó muriendo en el año 179 a.C.; y fue su hijo Perseo I su sucesor, quien no iba a mostrarse tan dócil ante la dominación romana en Grecia.

Perseo I de Macedonia

Perseo potenció un sentimiento antirromano tanto en Grecia como en Macedonia, para así volver a traer a su país su vieja hegemonía y expulsar a los dominadores romanos. La gran rebeldía de Perseo I sirvió de excusa perfecta para la República Romana de declarar la guerra en el 171 a.C.

Fue el general y cónsul romano, Lucio Emilio Paulo Macedónico, quien llegó a la Hélade en el año 168 a.C. Los romanos obtuvieron una contundente victoria sobre los macedonios en la Batalla de Pidna, la cual implicó no solo el fin de la Tercera Guerra Macedónica sino la caída definitiva del Reino de Macedonia y la deposición, y prisión, de Perseo I.

Tras su victoria contra Macedonia, varias polis griegas del sur se rebelaron contra Roma, quien no tardó en someter a Grecia en las Guerras Aqueas (146 a.C.).

República Romana circa 150 a.C.

Las Reformas de los Hermanos Graco

A mediados del Siglo II a.C., la República Romana enfrentaba varios cambios; las Guerras Púnicas y Macedónicas había obligado a los romanos a salir de sus fronteras naturales, y al disponer abundantes recursos provenientes de las nuevas provincias, hubo una eclosión en el tráfico de esclavos y caída de precios.

Además varios soldados volvieron del frente a su tierra y la encontraron desierta, desatendida, o en algunos casos comprada por aristócratas a precios muy reducidos. Los campesinos solo les quedaba trabajar para los patricios en sus latifundios, o emigrar a las ciudades y vivir en pobreza.

En este desfavorable contexto socioeconómico, dos bandos emergieron dentro del propio senado: los optimates y los populares. Los optimates eran un bando conservador, apegados a las tradiciones, y buscaban acertar el poder senatorial sobre la vida pública. Los populares, en cambio buscaban innovar e implementar reformas políticas y socioeconómicas buscando favorecer a los plebeyos y ecuestres (clase media alta).

En este escenario, Tiberio Sempronio Graco se alzó en la palestra política proponiendo una nueva reforma agraria en busca de dar una solución a la crisis. El cabecilla de los optimates, el General Escipión Emiliano, se hallaba en el norte de África y por ende no había nadie lo suficientemente poderoso en el senado como para vetar la ley.

Tiberio Sempronio Graco

Tiberio llegó a ser Tribuno de la Plebe y puso en acción sus reformas. Entre las medidas se encontraba: que todo aquel que habían ocupado tierras del ager públicus sin concesión previa o arrendamiento del estado debía devolverla, para poder hacer un reparto más equitativo de las tierras. Como era de esperar, varios senadores tildaron sus proyectos de anticonstitucionales; y cuando Tiberio se presentó a reelecciones varios senadores se amotinaron y le asesinaron en el 133 a.C.

Asesinato de Tiberio Graco

En el 123 a.C., llegó el hermano de Tiberio al Tribuno de la Plebe, este fue Cayo Sempronio Graco, quien parecía dispuesto a continuar con el proyecto reformista del difunto Tiberio. Sus primeras disposiciones jurídicas y legislativas, estaban meticulosamente planeadas para abordar el problema de la creciente acumulación de poder en los oligarcas.

El fin mayor de Cayo Graco, era disminuir el poder del Senado y transferirlo al pueblo. Asimismo se dedicó a poner en funcionamiento la Lex Sempronia de su hermano Tiberio, y además le agregó unas quince leyes más. Entre estás nuevas quince leyes se encontraban: fijar un precio máximo al trigo, regulaciones de impuestos, nuevos derechos de aduanas, etc.

Los optimates del senado jugaron en contra de los planes de Cayo Graco, y al final este perdió seguidores y poder. Graco y los suyos acabaron muertos en el año 121 a.C., a manos del cónsul en turno.

Las Reformas Militares de Cayo Mario

En el año 112 a.C., la República Romana se encontraba en guerra contra el Reino de Numidia, liderado por Yugurta, pretendiente al trono númida. El General Cayo Mario, mano derecha del cónsul Quinto Cecilio Metelo, fue enviado a luchar contra esta amenaza en el norte de África. Cayo Mario enfrentó el hecho de que no tenía los números necesarios para mantener la guerra, debido principalmente, a que varios reclutas no podían costear un armamento apropiado. Para resolverlo, Mario logró hacer que el gobierno les suministrara todo el equipo necesario.

Además otorgó a todos los pueblos itálicos la ciudadanía romana, de esta forma se eliminaba la noción de legiones aliadas, ya que ahora estas eran vistas como legiones romanas, asimismo se estableció un periodo aproximado de diez años para el servicio militar. Y todo aquel que terminaba su servicio era recompensado, generalmente con dinero o tierras.

Tras la victoria romana en Numidia, Cayo Mario fue enviado al sur de la Galia a luchar contra los pueblos cimbrios y teutones. De estas victorias varios veteranos se vieron beneficiados.

Cayo Mario era un popular, que en varias ocasiones fue visto como ”el protector del soldado”, frente a un senado conservador que se mostraba reacio a concederles beneficios a los soldados de infantería. Esto haría que los soldados de infantería, generalmente, se sientan mucho más afiliados a sus generales legionarios, que al propio senado. Cayo Mario resultó ser muy querido en Roma, a tal punto que fue cónsul siete veces, y algunas de ellas no se presentó en las elecciones.

Las legiones mantuvieron un entrenamiento muy rígido en tiempos de paz, se buscaba que el soldado se mantenga físicamente apto, hasta llegaron a emplear soldados como mano de obra. Además, la organización militar cambió radicalmente: desde el hecho que las centurias pasan a ser conformadas por 80 efectivos, hasta la total desaparición de la caballería cívica para ser reemplazada por las alas auxiliares de caballería al mando de un prefecto de ala.

Todas estás reformas terminarían acrecentando la lealtad del ejército hacia sus generales, descartando en gran medida al senado. Este cambio de mentalidad por parte de las tropas propició una crisis que llegó en el Siglo I a.C., protagonizada por un hombre que nacerá en el año 100 a.C.: Cayo Julio César.

Referencias Bibliográficas

Historiae (s.f.). Las Guerras Macedónicas. Recuperado el 8 de Enero de 2021 en https://historiaeweb.com/2019/07/06/guerras-macedonicas/

Historia Antigua Universal III (UNED) Fe Bajo Álvarez, Javier Cabrero Piquero y Pilar Fernández Urdiel

Los Graco: una gran revolución contra la plutocracia de Roma, años 133 a 123 a.C., José María Blázquez Martínez, catedrático emérito de Historia Antigua Universidad Complutense

Arre Caballo (s.f.). Reformas militares de Cayo Mario. Recuperado el 8 de Enero de 2021 en https://arrecaballo.es/edad-antigua/los-numidas/reformas-militares-de-cayo-mario/

Pero eso es otra historia (19 de Febrero de 2017). ANTIGUA ROMA 3: Las Guerras Púnicas, Macedónicas, y las reformas de Graco y Cayo Mario (Historia). Recuperado el 8 de Enero de 2021 en https://www.youtube.com/watch?v=6krLmAvvQNk

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