La Grecia Clásica

Primera Guerra Médica

Corría el año 500 a.C., y la guerra se asomaba desde el horizonte. Las polis líderes, Atenas y Esparta, temían una inminente invasión del Imperio Persa Aqueménida. Desde las costas orientales del Mar Egeo, Darío I, rey de Persia y Media, movilizó a sus legiones al tomar Anatolia, Ponto y Tracia (la actual Bulgaria).

La única resistencia hallada en Anatolia se encontraba en la polis jonia de Mileto, gobernada por su tirano Aristágoras. Ante el llamado de auxilio del tirano, Atenas y sus aliados desembarcaron en Éfeso. Pero la pequeña expedición ateniense fue sofocada por Darío, quien parecía dispuesto a apropiarse del mundo heleno.

En el año 492 a.C, una fuerza expedicionaria persa se adentró en los Dardanelos y comenzó a desfilar por Tracia rumbo a la Hélade. Temístocles, arconte y jefe de Atenas, convocó un ejército y una monumental flota para atrincherarse ante la inminente invasión de los aqueménidas. La asamblea ateniense nombró a Milcíades el Joven como estratega para la liderar la defensa.

Milcíades el Joven

El avance persa era implacable: habían descendido hacia la isla de Eubea, y habían logrado tomar Eretria; Atenas se encontraba a unos pocos kilómetros de distancia. En el año 490 a.C., las fuerzas persas desplegaron a sus flotas para llegar a la Ática y tomar Atenas. Los persas esperaban una insurrección del traidor Hipias, pero esta nunca se llevó a cabo. La primera oleada persa quedó comprometida cuando sus barcos se hicieron añicos tras ser golpeados por una tormenta. Pero la segunda oleada resultó ser mucho más efectiva, ya que las fuerzas de Darío lograron desembarcar en Maratón: una pequeña playa a unos cuantos kilómetros de Atenas. En las costas de Maratón, el ejército ateniense logró asestar una victoria decisiva ante el implacable Imperio Persa, en un épico avatar encabezado por Milcíades y Temístocles.

Expediciones persas en Grecia

Los hoplitas griegos, armados con espadas de corto alcance y escudos de bronce, y a su vez empapados de patriotismo heleno, obtuvieron una victoria pírrica en Maratón. A tal punto que las tropas persas tuvieron que replegarse a sus barcos.

Con el ejército ateniense en Maratón, la ciudad de Atenea estaba prácticamente desprotegida. Milcíades envió a su mejor corredor, Filípides, para notificar la victoria y para alertar a la ciudad. Cuando llegó (tras recorrer más de 40 km a trote) solo logró pronunciar ”Nike” (haciendo referencia a la diosa de la victoria) y apenas lo hizo se desplomó y murió.

Cuando los persas desistieron de atacar Atenas y emprendieron la retirada, se dio un fin a la Primera Guerra Médica. Aún tras la victoria en Maratón, los griegos eran conscientes de que los persas contratacarían y llamaron a formar la Liga Panhelénica, siendo una coalición entre varias polis griegas con Atenas y Esparta a la cabeza.

Segunda Guerra Médica

Diez años después del fatídico encuentro entre griegos y persas, el rey Darío I, quien se había propuesto hacerse con el mundo helénico, falleció. Sería sucedido por su hijo Jerjes I, como rey del Imperio Persa Aqueménida. En el 480 a.C., Jerjes, decidió reanudar la invasión a Grecia, y con su flota penetró el cruce de los Dardanelos, aventurándose en el corazón del Egeo. Los aliados griegos, liderados por Leónidas I de Esparta, consideraron que el desfiladero de las Termópilas, era un punto estratégicamente viable para enfrentarse a los invasores.

La defensa heroica espartana (quienes no eran 300, sino cerca de 7000, ya que la defensa estaba compuesta por tropas de distintas polis) resultó en una gran victoria, ya que aún estando logísticamente en desventaja, y superados en número con un gran rango de diferencia, lograron hacer frente al avance persa.

Recreación de la Batalla en el Desfiladero de las Termópilas

Mientras tanto, los atenienses se enfrascaron con los persas en la Batalla de Artemisio. La mente estratégica de Artemisia I de Caria, reina de Halicarnaso y comandante persa, obligó a las fuerzas atenienses a retroceder. La derrota en Artemisio, significó la inminente caída de Atenas ante los persas. Poco antes de la caída de su ciudad, Temístocles ordenó evacuarla a la isla vecina de Salamina. Mientras Atenas era incendiada y saqueada por los persas, los atenienses se fortificaban en Salamina ante un posible asedio. Durante el Asedio de Salamina, la flota de Jerjes terminó siendo obliterada, no necesariamente por los atenienses, sino por las rocas en la bahía, causando que los pesados y grandes navíos persas terminaran chocando entre ellos o contra las rocas.

En el año 479 a.C, mientras los navíos supervivientes huían de vuelta al Egeo, una fuerza griega contraatacó desde Tebas para intentar liberar Atenas, y un contingente espartano se expulsó a los persas de Tesalia. Fue en la Batalla de Platea, donde los aliados griegos terminaron de derrotar al implacable invasor.

La Pentecontecia y la Democracia de Pericles

Tras obtener una segunda victoria pírrica contra el Imperio Persa, Atenas y Esparta emergieron como potencias vencedoras. Cada una lideraba una alianza económica, política y defensiva con polis aliadas: Atenas lideraba la Liga de Delos, y Esparta lideraba la Liga del Peloponeso.

Alianzas Griegas: en Amarillo la L. de Delos y en Granate la L. del Peloponeso

Inicialmente la hegemonía griega fue protagonizada por Atenas, en un periodo de esplendor llamado pentecontecia. La Liga de Delos dejó de ser un pacto de defensa mutua, a ser un estado imperialista que respondía ante los intereses atenienses. Atenas recolectaba fondos de sus polis aliadas para ser destinadas a fines militares, con la idea de defenderse ante un posible contraataque persa.

Pero tal contraataque no fue tan devastador como se creyó. En el año 467 a.C. estalló la Tercera Guerra Médica, en la cual Atenas, liderada por su arconte Cimón, derrotó a las tropas del rey aqueménida Artajerjes I en la Batalla del Río Eurimedonte. Cuando la amenaza persa comenzó a parecer cosa del pasado, varias polis comenzaron a tener deseos de abandonar la Liga de Delos. Estos intereses de deserción fueron severamente reprimidos por Cimón, quien veía como su popularidad comenzaba a menguar.

A la muerte de Cimón llegó Pericles, quien promovió las instituciones democráticas en Atenas. Fue Pericles quien logró consolidar las asambleas atenienses, tales como la Ekklesía, la Bulé o los diversos consejos de magistrados, en las cuales se garantiza voz y voto a los ciudadanos comunes de forma equitativa. Descartando las oligarquías militares que perduraban en Esparta y en el resto de la Liga del Peloponeso.

Pericles, arconte y estratego de Atenas

Además, durante el gobierno de Pericles, se comenzó a homogeneizar las tradiciones, culturas, y economía dentro de la Liga de Delos. Propiciando el desarrollo de las artes, la literatura y la filosofía, destacando filósofos como Sócrates, arquitectos como Fidias o Hipodamo de Mileto, dramaturgos como Esquilo, y un largo etcétera.

Entre este virtuoso escenario, Atenas se convirtió en la capital cultural del mundo griego, ya que Pericles envió a remodelar y reconstruir el Partenón, se construyó la estatua de Atenea Partenos, así como los largos muros de Atenas (los cuales fueron financiados a través del tributo de las polis de la Liga de Delos) .

Aunque las tensiones entre la democrática Atenas, y la oligárquica Esparta desembocó en un devastador conflicto fratricida, del cual Grecia cambiará para siempre.

La Guerra del Peloponeso y la Posterior Supremacía Espartana

Para el año 431 a.C., ya había crecido suficiente tensión entre Atenas y Esparta. Hubieron dos detonantes que llevaron a Grecia a esta contienda: la deserción de Potidea de la Liga de Delos, junto con la ocupación ateniense de dicha polis; y la disputa entre atenienses y espartanos por la isla de Córcira. De esta forma estalló la Guerra del Peloponeso, que comprendería entre el año 431 a.C. y el 404 a.C.

Los Beligerantes en la Guerra del Peloponeso

La Guerra del Peloponeso estuvo compuesta por tres fases: la Guerra Arquidámica, la Guerra Siciliana y la Guerra Decélica. La primera fase, se dio cuando Arquídamo II de Esparta emprendió la invasión hacia la Ática. En esta primera fase se activaron las alianzas predeterminadas y varias polis entraron a la lucha. Además ocurre el fallecimiento de Pericles producto de una peste. Destacan la Batalla de Anfípolis y Mantinea, tras esta última Esparta aseguró la victoria de los peloponesios y se firmó un tratado de paz en el 418 a.C.

Invasión ateniense a Sicilia: Segunda Fase de la Guerra

El conflicto entre espartanos y atenienses se reanudó cuando la polis siciliana de Segesta, aliada de Atenas, le pidió ayuda a la Liga de Delos, ya que sentían una inminente invasión de Siracusa. Atenas respondió enviando 134 trirremes para invadir Siracusa y expandir sus dominios. El traidor, y fugitivo ateniense Alcibíades, negoció su libertad con Esparta a cambio de información, revelando la invasión a Siracusa. En Sicilia, las fuerzas espartanas de Gilipo, y las fuerzas atenienses de Nicias, se enfrascaron en la Batalla del Río Asinaro, emergiendo el espartano Gilipo como vencedor.

La última fase, la Guerra de Decelia, marcó la inminente caída de Atenas ante Esparta. La victoria espartana se debió a varios motivos, una serie de golpes de estado en Atenas, una alianza secreta con el Imperio Persa de Darío II, deserciones sucesivas en la Liga de Delos etc.

Tras la derrota ateniense en la Batalla de Egospótamos, Esparta emergió como potencia hegemónica tanto en la Hélade, como en el Egeo. Aunque el estado conflictivo de Esparta fue totalmente contraproducente con su ambición de orden y prosperidad.

Durante la hegemonía de Esparta, Grecia se convirtió en una confederación de estados despóticos, títeres de Esparta, las cuales guerreaban entre sí. En tal sentido, no fue difícil que los enemigos de Esparta florecieran en tal estado catastrófico de lucha constante. Uno de estos enemigos era la polis subestimada de Tebas, y tras derrotar a Esparta en el 371 a.C., se convirtió en la nueva polis hegemónica.

La efímera hegemonía de Tebas, el débil liderazgo de su liga, la Liga Beocia, y la muerte de uno de sus líderes emblemáticos, llevó al estancamiento total de Grecia. Conllevando a un estado de guerras y desestabilización por toda la Hélade, y el nuevo protagonismo de un infravalorado reino entre los Montes Balcanes: Macedonia.

Referencias Bibliográficas

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