Trajano y la Dinastía Antonina: la Edad de Oro de Roma

Nerva

En el año 96, una conspiración palaciega puso fin a la Dinastía Flavia, al asesinar a Domiciano, último exponente de dicha estirpe. Los senadores designaron como sucesor a Marco Coceyo Nerva: un ex miembro del funcionariado que había servido desde los días de Nerón. Fue Nerva quien fundó la Dinastía de los Antoninos.

Con Nerva se establece un modelo sucesorio basado en la adopción, eligiendo al más adecuado para asumir el cargo imperial. Evitando así posibles crisis sucesorias. En el año 97, Nerva inició con esta nueva forma de transmisión de poder al adoptar al joven prestigioso general, Marco Ulpio Trajano. Sentando un precedente para el nuevo sistema.

Escultura facial de Nerva

Nerva falleció en el 98, dejando a Trajano como sucesor. Durante su corto reinado, Nerva estableció el sendero a la grandeza que tomaría mayor forma con sus sucesores.

Trajano

Marco Ulpio Trajano era lugarteniente de Germania Superior cuando fue nombrado emperador. Pero de hecho era oriundo de Hispania, siendo el primer emperador romano con orígenes en una provincia. Al igual que su predecesor Nerva, mantuvo buenas relaciones con el senado, pero paulatinamente los fue descartando en las decisiones administrativas.

Busco equiparar las desigualdades entre Italia y las provincias, y fue completamente adverso a política centralistas. Llevó a cabo un proceso de urbanización en las provincias, desarrollando una fuerte actividad constructora. Sin embargo, al reforzar el control imperial en las provincias, varios gobernadores regionales fueron desprovistos de autonomía e iniciativa. A tal punto que sin el consentimiento de Trajano, los habitantes de Prusa no podían construirse un baño, o que los de Nicomedia no podían crear un cuerpo de bomberos.

Luchó contra la pobreza, la hambruna y la corrupción, asegurándose que aquellos niños que vivían en la indigencia o en la orfandad, recibieran subsidios mensuales. Resultando en un gran oleaje de gratitud y apreciación para este emperador hispano.

Estatua de Trajano

El proceso de romanización de Hispania fue mucho más contundente, ya que Trajano embelleció la provincia y le dio mucha más relevancia. Ciudades como Tarraco o Barcino, actuales Tarragona y Barcelona, se ampliaron desmesuradamente. Se construyeron diversas obras arquitectónicas: la Torre de Hércules, en Galicia; el Puente de Alcántara, en Extremadura; el Acueducto de Segovia, en Castilla y León; y el Teatro de Augusta Emérita, en Mérida, Extremadura.

Teatro de Augusta Emérita (Actualidad)

La respuesta de Trajano, en relación a cómo mantener la estabilidad financiera sin necesidad de una mayor presión fiscal, fue la conquista. Buscó una política exterior efectiva para así garantizar cuantiosos botines. Esta oportunidad de conquista llegó cuando Decébalo, rey de Dacia, comenzó a amenazar las fronteras balcánicas del imperio. Decébalo ya venía provocando al Imperio Romano desde el reinado de Domiciano.

Domiciano había llegado a un acuerdo con Decébalo, con el fin de cesar las incursiones dacias en territorio romano. Este pacto consistía en una subvención anual de parte de Roma, a cambio de que se respetara la frontera. Trajano se negó a seguir viviendo en tal humillante situación, y marchó rumbo a Dacia en el 101. El final de las Guerras Dacias llegó en el 105, tras el suicidio de Decébalo, y la toma romana de Sarmizegetusa, la capital dacia.

Los romanos se apropiaron de las reservas dacias de oro y plata, así como sus minas, además se hicieron con miles de prisioneros, quienes pasaron a alimentar el mercado esclavista. En conclusión, la conquista de Dacia terminó llenando las arcas del estado.

Para exaltar su victoria sobre Decébalo, Trajano mandó a construir la Columna de Trajano, en las que figuraban las hazañas romanas durante las Guerras Dacias. Dicha columna estaba situada en el Foro de Trajano (construido por el emperador en cuestión), siendo el más grande del Palatino. El foro contenía una basílica, un templo, y hasta un mercado.

Basílica Ulpia, en el Foro de Trajano

En el año 106, el Imperio Romano sufrió otra ampliación fronteriza, esta vez fue el Reino de Nabatea de Rabel II, zona de vital importancia comercial. Nabatea pasó a constituir la provincia romana de Arabia. Con la conquista de los nabateos, Trajano llegó a tomar la majestuosa ciudad de Petra, la cual es considerada una de las Siete Maravillas del Mundo Moderno. Esto es así, ya que Petra fue construida en angostos desfiladeros.

Trajano aseguró el control de las rutas comerciales que llegaban desde el Lejano Oriente, tales cómo la Ruta de la Seda, o la Ruta de las Especias de la India; haciéndose con grandes sumas de dinero, debido a la tributación de las rutas. Con abundantes recursos, Trajano inició la última campaña expansionista en la historia de Roma.

En el 114, el emperador romano invadió el Imperio Parto de Osroes I, consiguiendo grandes éxitos, ya que se hizo con toda Mesopotamia, incluida Babilonia, con Armenia y con la capital parta de Ctesifonte. La frontera romana se extendió hasta el Tigris, y con esto Roma alcanzó su máximo apogeo.

El Imperio Romano en su Mayor Esplendor

Sin embargo el esplendor de Roma cayó de bruces en el año 115, año en el cual estalla la Segunda Guerra Judeo-Romana. En este conflicto surgieron diversas sublevaciones por parte de los judíos dispersos desde Cirenaica hasta Siria y Chipre; lo que obligó a Trajano a acudir personalmente al Levante para restablecer el orden. Quiso la suerte (o la ausencia de esta) que el emperador falleciera de camino a la batalla, en el 117. Trajano fue sucedido por el hijo de su primo, Aelio Adriano, gobernador de Siria.

Adriano

Adriano llegó al poder en el 117, y nada más llegar, decidió renunciar a todos los nuevos territorios conquistados por Trajano en Mesopotamia y Armenia, ya que no compartía la misma sed de gloria militar que su antecesor; además prometió a los judíos reconstruir el Templo de Salomón, con tal de solventar la crisis.

Él tenía más el temperamento de un político que el de un soldado, a diferencia de su predecesor, Trajano. Era renovador e innovador, buscaba incluir más a las provincias en buscas de unir y homogenizar al imperio. La Villa de Adriano, en Tívoli, es una representación de la visión universalista y del programa político de este emperador. Era un emperador cultivado, y además era apasionado por la cultura helénica.

En su proyecto de inclusión provincial, Adriano le dio un mayor énfasis a Grecia. Viajó por varias ciudades helénicas y las renovó: embelleció Atenas (donde construyó la Puerta de Adriano) y reconstruyó Nicomedia (la cual había sido devastada por un terremoto). Además construyó nuevas ciudades, tales como Adrianópolis, en Grecia, y Antinoopolis (dedicado a su amante Antino), en Egipto.

Estatua de Adriano

Abandonó los proyectos expansionistas de Trajano, y más bien fue pacífico y se limitó a defender sus fronteras, llegando a firmar la paz con el rey de Partia, Osroes I. Asimismo, mantuvo relaciones cordiales con el senado, (con altibajos menores), y se mantuvo acorde a las políticas conservadoras, religiosas y tradicionalistas del senado.

Un muy buen ejemplo (de su proyecto de defensa fronteriza) fue la construcción Muro de Adriano, construido en el 122 en Britania. La muralla tenía 127 km de largo, la cual iba desde el río Tyne hasta el Fiordo de Solway, que pasaba a ser una delimitación fronteriza entre la Britania romana y Caledonia.

En el año 130 se presentó una nueva amenaza para el paz romana: una nueva insurrección judía. Resulta que, tras la Segunda Guerra Judeo-Romana, Adriano dejó dos legiones estacionadas en Jerusalén, y elevó el cargo de procurador de Judea al rango consular. Durante el año ya citado, Adriano inició la reconstrucción de la ruinosa Jerusalén, edificando una nueva ciudad llamada Colonia Elia Capitolina, y además planeó construir un templo a Júpiter sobre el viejo templo judaico. Todo lo anterior, sumado a nuevas medidas sociales y eclesiásticas (como prohibir el Sabbat y la circuncisión) terminaron catalizando la Tercera Guerra Judeo-Romana, en el año 132.

Los judíos no tuvieron ninguna oportunidad contra el Imperio Romano, quienes redujeron la insurgencia tras neutralizar al último bastión rebelde en Betar, liderado por Simón Bar Kobja. Además, en el 135, los romanos disolvieron la provincia de Judea para convertirla en la provincia de Palestina, la cual viene del hebreo Peleset y hace referencia a los Filisteos, los enemigos acérrimos de los judíos. Tras su derrota, varios judíos emigraron por todo el Mediterráneo llegando hasta Hispania y Grecia.

Segunda Diáspora del Pueblo Judío

Los últimos años de Adriano no fueron felices, ya que vivió en Roma manteniendo una relación tóxica con su mujer, Vibia Sabina. Esto es así debido a que se traicionaban mutuamente. Al final, Adriano murió sin hijos en el año 138, habiendo designado como sucesor a Antonino Pío, uno de sus sobrinos.

Antonino Pío

Antonino Pío sucedió a Adriano en el 138, al morir este último. Tras atribuir honores a su predecesor y presentarse como continuador de su obra, el senado le concedió el cognomen de Pius, el cual significa ”el respetuoso de los padres y antepasados”.

Su reinado fue próspero y esplendoroso, en el cual el sector jurista ganó una gran relevancia, y consolidó su participación en la corte de Antonino. Además fomentó políticas dedicadas a la protección del esclavo: respetar el concubinato entre esclavos (como si fuese un matrimonio legal), prohibir la tortura indiscriminada de esclavos, avanzar en el reconocimiento de la emancipación de la tutela de la mujer, etc.

Pero al escasear medidas proteccionistas, varios pequeños propietarios vendieron sus tierras a los grandes arrendatarios agrícolas. De este modo inició el régimen de las villas rústicas.

Busto de Antonino Pío

Durante su reinado se construyó el Muro de los Antoninos, en Britania, 100 km al norte del Muro de Adriano. Esto se dio debido a una serie de enfrentamientos contra tribus celtas de la zona. Sin mencionar ciertas insurgencias menores en Mauretania, se puede afirmar que el reinado de Antonino Pío significó una verdadera Pax Romana.

En el 161 murió Antonino, tras haberle delegado el imperio a su sobrino Marco Aurelio, quien reinó en conjunto con su yerno, y hermano adoptivo, Lucio Vero.

La Diarquía de Lucio Vero y Marco Aurelio

Marco Aurelio sucedió a su tío, Antonino Pío, en el 161; y tras hacerse con la corona de laureles, consiguió que el senado aprobase la asociación de su hermanastro, Lucio Vero, al gobierno como corregente.

Los dos se complementaban estando en el gobierno, formando una simbiosis entre la filosofía, la política y el ámbito militar. Por un lado Marco Aurelio era un filósofo, perteneciente a la corriente del estoicismo romano; presentando valores típicos del Derecho Romano: la defensa de los valores éticos y morales, el descarte total del anhelo de fama y gloria, la valoración del bien en el marco de la virtud, etc. Mientras que Lucio Vero era un soldado con formación militar (a diferencia de su corregente), siendo muy carismático entre el pueblo romano.

En cuanto al senado, Marco Aurelio le concedió gran autonomía a este órgano legislativo. Sin embargo, el senado dejó de estar constituido por los grandes patricios romanos, y más bien fue integrado por administrativos y expertos en jurisprudencia, la mayoría de estos procedentes de provincias como Hispania, África, o Grecia.

Bustos de Marco Aurelio (izquierda) y Lucio Vero (derecha)

En Medio Oriente la amenaza del Imperio Parto aún estaba vigente, y más aún en el año 163, cuando el rey Vologases IV de Partia invadió territorio imperial romano. Lucio Vero respondió al cruzar el Éufrates y descender por Mesopotamia hasta llegar a Ctesifonte, capital parta, donde prendieron en llamas al palacio de Vologases.

Sucedió que el ejército de Vero tuvo la contrapartida de contagiarse de peste, lo cual generó una epidemia que devastaron al Imperio Romano, y dio muerte a millones de personas.

Asimismo fue durante este periodo diárquico, donde la presión fronteriza de los pueblos bárbaros del Danubio escaló significativamente. Entre estos pueblos destacan los Sármatas, los Vándalos, los Marcomanos y los Alanos. Obligando al pacífico emperador Marco Aurelio a reinar desde las fronteras imperiales, ocupado en tomar acciones bélicas contra los invasores. Pues resulta que el expansionismo desmesurado del Imperio Romano se había tornado en su contra, ya que los obligaba a tener más fronteras que defender.

Invasiones Marcomanas y Cuadas

En el año 169 murió Vero, aparentemente debido a la epidemia traída de la campaña en Partia. Dejando a Marco Aurelio a cargo del trono, quien pasó a gobernar en solitario.

Un hito que marcó el reinado de Marco Aurelio fue la persecución despiadada hacia los cristianos de Lugdunum (actual Lyon) en el año 177, la cual fue orquestada por el mismo emperador. Marco Aurelio, por otro lado, se vio obligado a enfrentar una crisis religiosa: la religión romana estaba en horas bajas, y la popularización del culto a dioses extranjeros pertenecientes a la Mitología Persa o Egipcia, no ayudaba en absoluto. Roma era un imperio multicultural, lo cual en sí mismo no fomentaba la homogeneidad religiosa que buscaban imponer los emperadores romanos. Del mismo modo, el Cristianismo se había propagado hasta las esquinas más recónditas del imperio: la idea del paraíso eterno era bastante atractiva.

En el año 180, murió Marco Aurelio debido a la viruela en Vindobona, la actual Viena, siendo el último de los llamados ”cinco emperadores buenos” (los que incluyen a Nerva, Trajano, Adriano, Antonino Pío y Marco Aurelio) de la Dinastía Antonina. El sucesor de Marco Aurelio sería Cómodo, su hijo biológico, con quien muchos de los problemas de sucesión e inestabilidad volverían a presentarse.

Cómodo

Desde el año 177, Lucio Aelio Aurelio Cómodo fue corregente en conjunto con su padre, Marco Aurelio. A la muerte de este último, en el 180, Cómodo dejó el frente en Germania y volvió a Roma. Apenas obtuvo la corona de laureles, su falta de interés por gobernar el imperio se volvió palpable, demostró que su reinado iba a ser uno de los más inestables de la historia de Roma.

La personalidad inestable del emperador, y su desorganizada acción estatal agravó las distintas dificultades políticas, económicas y sociales ya heredadas por otros miembros de la Dinastía Antonina. Más bien fue un emperador sediento de fama y gloria, promoviendo espectáculos y juegos de gladiadores, en donde él mismo participaba emulando al propio Hércules. Estas competiciones encontraron su financiación a través de la introducción de nuevos impuestos y una mayor presión fiscal, específicamente dirigidas hacia la opulenta clase patricia.

Busto de Cómodo

La precaria situación política, económica y social llevaron a Cómodo a sufrir varios tipos de conjuras, atentados de asesinato, e intentos de golpes de estado. Convirtiendo al emperador en un ser totalmente desprovisto de cordura y preso de su propia paranoia. Una víctima destacable de Cómodo fue el Chambelán Cleandro, liberto mayordomo del emperador, quien tras asumir varios poderes y roles palaciegos comenzó un reinado tiránico que obligó a Cómodo a tener que decapitarle.

El senado encontró en Publio Helvio Pértinax el reemplazo ideal de Cómodo. Pértinax era ex gobernador de Britania y prefecto de Roma, en su día fue consejero del propio Marco Aurelio. El senado instigó a la amante de Cómodo, Marcia, para que lo envenenase, pero el emperador debió escupir el veneno y al final encontró la muerte al ser estrangulado por un esclavo mientras se bañaba, sucedido el 31 de Diciembre del año 192.

Resulta interesante pensar que el inicio del reinado de Cómodo puso fin a la Edad de Oro iniciada con Trajano, y su fin dio el inicio de un periodo tumultuoso que daría lugar a la decadencia del Imperio Romano.

Referencias Bibliográficas

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Pero eso es otra Historia (26 de Marzo de 2017). ANTIGUA ROMA 6: Dinastías Antonina y Severa (Documental Historia Imperio Romano). Recuperado el 20 de Febrero de 2021 en https://www.youtube.com/watch?v=we_s3ICZkhY

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