La Economía y la Sociedad Feudal

El Feudalismo fue el sistema político, económico y social, que caracterizó y definió a la Europa Occidental cristiana durante la Edad Media, la cual estaba basada en una serie de lazos de dependencia y obligaciones entre dos hombres libres: el señor y su vasallo. Este sistema comenzó a gestarse desde tiempos del Imperio Romano, concretamente durante el reinado de Septimio Severo, ya que dada a la decadencia del sistema esclavista, él creó un nuevo sistema de producción. En este nuevo sistema, se forzaba a los terratenientes a dividir sus latifundios en pequeñas parcelas para que fueran trabajadas por colonos (los llamados colonato) quienes tenían derecho a una parte de la producción mientras que debían pagarle la otra al terrateniente. 

Las bases de este sistema se irían consolidando durante los siglos posteriores a la caída del Imperio Romano de Occidente y la fragmentación de su territorio en distintos reinos bárbaros, destacando los francos y los visigodos. Estos dos reinos, los cuales se ubicaron, respectivamente, en los actuales Francia y España, verían un declive del poder de sus monarcas debido a las luchas de poder por sus tronos.

Y a su perjuicio, quienes se harían con mayor autoridad y poder serían: la nobleza terrateniente, ya que obtuvieron mayor autonomía para administrar sus tierras y proteger a sus habitantes, y la Iglesia Católica, la cual enfrentó la labor de convertir a los campesinos. En esta época se produjo un notable retroceso de la civilización occidental, al descuidar la manutención de las carreteras, al mantener una economía de autoconsumo y prescindir de la exportación (la cual se vio aún más abandonada tras la invasión de los árabes al Mediterráneo meridional), y al afrontar grandes brotes de plagas y epidemias, destacando la mortal Peste de Justiniano.

Europa, circa 500 d.C.

De entre los francos destacó el emperador Carlomagno, cuyas conquistas formaron un vastísimo reino, reino que dividió en condados, marcas y ducados, y además fomentó la inserción del Cristianismo Romano en el panorama político de Occidente. El hundimiento de su régimen, y el fracaso de proyecto unificador, centralizador y restaurador, llevó a la fragmentación de su reino entre sus nietos. Las luchas sucesorias entre sus herederos, las invasiones de eslavos, magiares, sarracenos o vikingos, y la debilidad de las ramas de la Dinastía Carolingia, llevaron a la instauración y consolidación definitiva del sistema feudal.

El Feudo

El feudalismo fue una respuesta de las altas clases a las invasiones que se venían gestando en aquellos años. Al enfrentar la mencionada crisis, los reyes se vieron obligados a encomendar la defensa de sus territorios a condes duques y marqueses. ”Estas parcelas recibieron el nombre de feudo, del latín feodum, de donde surge feudal”. Los nobles laicos o eclesiásticos que controlaban las fortalezas, castillos o monasterios en las zonas rurales se convertirían en señores feudales, cuyo feudo o señorío sería el nuevo centro de poder. Quien gatilló el establecimiento de este sistema fue el nieto de Carlomagno, el rey de los francos Carlos II el Calvo. En el año 877, a través de la Capitular de Quierzy, decretó que los cargos nobiliarios podían ser heredados sin la necesidad de una investidura inmediata, siempre y cuando el rey ausentara en palacio.

Los feudos eran parcelas de tierra concedidas por el rey a los nobles o clérigos, para que haya una defensa más efectiva del reino. Un feudo solía estar formado por una aldea, con varias tierras para cultivar, protegida por un castillo, donde regentaba y residía el señor. Las áreas de cultivo solían estar compuestas por la reserva señorial y los mansos. La primera era un territorio explotado directamente para el beneficio del señor, aquí podemos encontrar al castillo o residencia del señor, erigido sobre un terreno elevado protegido por grandes murallas, así como las mejores tierras. La segunda zona, los mansos, eran tierras de cultivo arrendadas por el señor a los campesinos, quienes debían pagarle un tributo al señor, lo que vendría a ser una parte de la cosecha.

La Caballería y las Órdenes

En la Edad Media, a diferencia del mundo romano o del coetáneo Imperio Bizantino, no existía una noción clara y establecida de ejército del reino. La caballería apareció producto del desmantelamiento del Imperio Carolingio, cuando los condes o marqueses dividieron sus territorios – en un marco administrativo – en una ”multitud de pequeños señoríos” poseídos por la llamada baja nobleza; es decir, los barones y los caballeros, y en el caso de los reinos peninsulares, los infanzones, los alféreces y los hidalgos.

Estos pequeños señores cumplían con la labor de proteger al feudo de las invasiones de señoríos enemigos, o de los saqueos de vikingos, magiares o moros, llegando a ser lo equivalente a lo que actualmente entendemos por soldados de élite. Como contraprestación, el señor le entregaba un territorio propio. Estos caballeros se dedicaban exclusivamente a la guerra, y hasta podían ser cedidos por sus señores hacia los reyes en caso de guerra, a modo de auxilio militar. En un inicio, los caballeros no dieron una buena imagen de sí mismos – ya que surgieron siendo campesinos ricos que pudieron permitirse costear una armadura – siendo percibidos como soldados temidos, groseros y toscos. Es en este momento donde aparecen las novelas y las historias que los presentaron con numerosas cualidades, y dan origen a lo que entendemos por ”noble caballero”.

No pasaban desapercibido cuando desfilaban en los campos, ya que este habitualmente iba acompañado por una escolta, compuesto por el escudero, el sargento de armas, etc. Montaban a caballo, y exhibían su pesado y costoso armamento. El caballero debía cumplir a rajatabla con un código de conducta y honor, destacando el llamado Decálogo del Buen Caballero.

En el orden jerárquico feudal vemos al rey o emperador en la cúspide de la pirámide social, pero con una posición vulnerable, debido al aumento de poder de las casas nobiliarias, quienes podían llegar a tener posesiones más extensas que los dominios reales. La sociedad feudal era tripartita; es decir, se dividía en tres órdenes o estamentos que coexisten y representan una inmovilidad vertical.

Estas órdenes son los laboratores, los bellatores, y los oratores. La primera se trata de la clase más baja de la sociedad feudal, deben trabajar para las otras dos órdenes y servirles. La segunda la componen los guerreros, quienes luchan y protegen al pueblo, y aseguran la hegemonía cristiana sobre las herejías y otras religiones, aquí encontramos a la nobleza, tanto a los señores feudales como a los caballeros. La última, los oratores, la comprenden aquellos que rezan y ruegan por la salvación de toda la población; es decir, el clero.

Este sistema de organización social fue impulsado por las órdenes privilegiadas, aquellos que poseían la riqueza, la fuerza y el poder. A partir del Siglo IX se difundió la creencia de que este sistema respondía a designios divinos. El feudalismo conseguiría su apogeo en los Siglos X, XI y XII, con un fuerte desarrollo en Francia, León, Navarra, el Sacro Imperio, las ciudades estado italianas, Hungría, Inglaterra, etc.

El Vasallaje y la Servidumbre

El feudalismo también comprendía una serie vínculos y deberes – esencialmente de carácter militar – entre el señor y su vasallo, dos hombres libres de jerarquías distintas. El vasallo le juraba fidelidad a su señor y se comprometía a realizar ciertas servidumbres, en particular de consejo político y auxilio militar (auxilium et consilium). Era deber del vasallo (el noble) acompañar a su soberano en las guerras, responder ante él, y dar asesoría en temas legales y políticos.

Como contraprestación, el vasallo recibía un beneficio, generalmente se trataba del control y la jurisdicción directa de la tierra y la población de un feudo o señorío. El feudo se le era conferido al vasallo por el señor, quien le otorgaba un título nobiliario, con tal de que proteja esas tierras en su nombre. Esta relación viene a ser lo que entendemos por vasallaje, el cual era confirmado de acuerdo a las ceremonias del homenaje y la investidura. Este vasallo tenía la responsabilidad de administrar las tierras que se le eran confiadas; lo que incluía sancionar, gestionar la recolección de impuestos, y administrar justicia. La posibilidad de que un vasallo tome a su vez a otros hombres como vasallos, convirtiéndose en señor, introdujo redes jerárquicas de relaciones vasalláticas.

Ceremonias del Vasallaje

Del mismo modo, existían otro tipo de relaciones de dependencia: las relaciones de servidumbre. Esta relación se establecía entre el señor feudal y sus siervos, en la cual el señor concedía al siervo una determinada tierra de cultivo para que la trabaje, a su vez que el señor les brindaba protección y hacía cumplir la ley. Como contraprestación, el campesino debía trabajar anualmente en la reserva señorial, pagar un tributo al señor a modo de impuesto, y pagar el llamado diezmo a la Iglesia.

Una Economía de Autoconsumo

La vida económica giró en torno al feudo, concretamente a la tierra, esto se dio gracias al encapsulamiento y al aislamiento de Europa en sí misma, debido a la expansión del Islam. Al disminuir el comercio y la circulación monetaria, la tierra empezó a convertirse en el centro de las actividades económicas. En tal sentido, la agricultura se convirtió en la base de la economía feudal. Los feudos eran autosuficientes; es decir, en ellos se producía todo lo necesario para la vida de sus habitantes.

Las ciudades sufrieron pérdidas demográficas al haber una mayor concentración en el campo, ocurriendo una hegemonización de la vida rural; fenómeno que se venía gestando desde la Crisis del Siglo III del Imperio Romano. Los campesinos no gozaban de buenas condiciones de trabajo, y más bien vivían en la precariedad y la insalubridad, siendo inexistente lo que actualmente entendemos por derechos laborales. Habitualmente se producían cereales, legumbres, trigo, etc. Por otro lado, las técnicas agrícolas medievales parecen no haber sufrido ningún progreso desde la época romana, como por ejemplo el arado con tracción animal se seguía utilizando.

Sin embargo, la vida urbana se siguió ejerciendo aunque sin tener la misma importancia que la rural. Las ciudades medievales surgieron al ocurrir una aglutinación de poblaciones en torno a los castillos feudales, el cual era denominado burgo, por extensión se le denominó burgués a los habitantes de estas ciudades. La burguesía sería una clase social revolucionaria que sería una de las causales de la llamada crisis del feudalismo, aunque no hay por qué adelantarse.

A estas ciudades acudirían los campesinos a vender el excedente de su cultivo y su producción, a la vez que aprovechaban para intercambiar con los panaderos, comerciantes y artesanos de los burgos. Con el pasar de las décadas, los mercaderes y artesanos comenzarían a unirse formando gremios. Como ejemplo de estas ciudades tenemos a Burgos, Estrasburgo, Brujas, Bolonia, Salamanca o Hamburgo.

Los Cantares de Gesta y la Literatura Medieval

Durante la Edad Media la mayoría de la población era analfabeta; es por ello que el papel de los juglares y trovadores fue esencial para la divulgación de la información, generalmente relacionada con las hazañas de los héroes en batalla. Se trataban de epopeyas, o poemas épicos, que relataban historias folclóricas sobre los acontecimientos en el combate, narrando las hazañas y virtudes de distintos personajes los cuales supondrían un modelo para la colectividad medieval.

Fueron conocidos como cantares de gesta, los cuales alcanzaron su momento álgido en el Siglo XII con una importante presencia en el sur francés. Estos cantares de gesta eran compuestos por clérigos instruidos, para luego ser recitados por músicos y poetas llamados juglares, sin embargo la mayoría de las autorías se encuentran en el anonimato. De entre los cantares franceses destaca la gran obra del Cantar de Roldán, cuyo nombre viene del protagonista del cantar. El cantar narra la emboscada que sufrió la retaguardia del ejército franco del emperador Carlomagno cuando desfilaban por la comarca de Roncesvalles, orquestada por el rey moro de Zaragoza, en la cual perece Roldán, el héroe del cantar. De la épica medieval francesa encontramos otros ejemplares de la poesía trovadoresca como la Coronación de Ludovico o el Charroi de Nimes.

En España destaca otro cantar epopéyico de igual renombre que la Canción de Roldán, me refiero al Cantar del Mío Cid. El cual relata, con ciertos aspectos reales y ficticios, las aventuras de Rodrigo Díaz de Vivar, el Cid Campeador, para recuperar la confianza del rey leonés Alfonso VI el Bravo. El Cid destacó por su caballerosidad, su valor, su lealtad y su honor, reflejando la rivalidad entre la nobleza de sangre y la nobleza de mérito. Hoy en día se conservan escasos ejemplares de la épica medieval española, entre las pocas piezas encontramos al Cantar de las Mocedades de Rodrigo y al Cantar de Roncesvalles. Por otro lado, en la épica germánica encontramos cantares como el Beowulf o el Cantar de los Nibelungos, los cuales se caracterizaron por una fuerte hegemonía de la ficción en la narración. Además surgieron leyendas en la época bajo medieval, como fue el caso de Robin Hood o Guillermo Tell.

La temática de la poesía trovadoresca solía girar en torno al concepto del ”amor cortés”, el cual entendía el amor de forma noble, sincera y caballeresca, siendo explorado profundamente en las llamadas literatura artúrica y la literatura occitana – en Inglaterra y Francia respectivamente – destacando la historia britana de Tristán e Isolda. Generalmente la poesía trovadoresca se centraba en la temática amorosa y heroica, aún así llegaron a tocar temas filosóficos, políticos o morales.

Referencias Bibliográficas

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