La Decadencia del Imperio Romano

Antecedentes

La decadencia de Roma era algo que ya se veía venir desde el reinado del propio Cómodo, reinado que internó a Roma en una aguda crisis económica. Durante el posterior reinado de los Severo, la moneda fue devaluada al añadir menos metal precioso, lo que terminó desencadenando una hiperinflación que azotó Roma por todo el Siglo III.

Por otro lado, el imperio se volvió irreconocible en el ámbito religioso, cuando el emperador Heliogábalo buscó reunir todas las divinidades romanas, ya sean grecolatinas u orientales, en uno solo: el Deus Sol Invictus. Lo que, entre otras cosas, hizo que Roma se alejara de su propia esencia.

Cuando colapsó la Dinastía Severa, el ejército dejó de estar subordinado a un poder fuerte y estable, llevando a Roma a la anarquía militar (Crisis del Siglo III). Las epidemias, la constante invasión de los pueblos bárbaros a las fronteras germánicas y danubianas, la crisis económica, el estado general de anarquía, y las constantes guerras civiles, casi llegan a borrar del mapa al Imperio Romano.

No fue hasta el año 293, que el emperador Diocleciano comprendió que para que exista una mejor administración de los extensos territorio imperiales era imprescindible repartir el gobierno en cuatro emperadores llamado tetrarcas. Durante su gobierno intentó limitar los poderes del ejército complicando innecesariamente la burocracia. Aún así el sistema tetrárquico funcionó mientras Diocleciano estuvo al mando, pero colapsó apenas abdicó.

El sistema de la tetrarquía desembocó en una cruenta guerra civil entre los pretendientes al trono en la que solo uno podría prevalecer, este fue Constantino el Grande, el primer emperador cristiano. Dado a la desunión que se había producido dentro del imperio, buscó reunirlo en base al Cristianismo, cuyos practicantes ya llegaban al millón dentro del imperio. Constantino legalizó la religión cristiana a través del Edicto de Milán, acabó con el culto estatal al helenismo, y le otorgó una serie de privilegios a la Iglesia. En resumen, los cristianos pasaron de ser el colectivo marginado, a la base del poder político dentro de Roma.

Los Sucesores de Constantino el Grande

En el año 337, el emperador Constantino falleció en Nicomedia. Sus tres hijos, Constantino II, Constancio II y Constante I, fueron proclamados augustos. Los tres configuraron una repartición geográfica del imperio: Constantino II gobernó la Galia, Hispania y Britania; Constante I gobernó Italia, los Balcanes y África; y Constancio II gobernó Asia Menor, Siria, y Egipto.

Su desesperación por mantenerse atados a su poder, los llevó a cometer una purga entre varios miembros de la familia imperial. Purga en la que perecieron sobrinos del difunto Constantino, tales como Dalmacio y Anibaliano. Sin embargo, las tensiones entre los tres hermanos estallaron, y se enfrascaron en una lucha fratricida.

En el 340, Constantino II pretendió invadir la Italia de su hermano Constante, pero fue derrotado y muerto en la Batalla de Aquilea, tras la cual, Constante recibió todos los territorios de su difunto hermano. La siguiente década estuvo plagada de tensión entre Constancio y Constante, quienes gobernaban en un sistema diárquico. Esta división se mantuvo hasta el 350, año en que el emperador Constante fue víctima de una conspiración orquestada por el usurpador Magnencio.

La usurpación de Magnencio llevó a una declaración de guerra por parte de Constancio II. La contienda se resolvió tres años después con la victoria de Constancio y el regreso de la unidad del imperio. Él gobernó un imperio unificado hasta el año 361, año en que su sobrino Juliano fue proclamado augusto por las tropas de la Galia y se alzó contra Constancio II, quien estaba plena campaña contra Sapor II del Imperio Persa.

Constancio II terminó falleciendo de una enfermedad en Panonia, dejando el camino libre para su sobrino Juliano, quien ascendió como emperador único en Constantinopla. Juliano, conocido como ”el apóstata”, es recordado por su intentó de descristianizar Roma, y restaurar el helenismo. Durante su reinado dispuso una serie de trabas legales hacia los cristianos, se les impuso cargas tributarias adicionales, y además llevó a cabo una política de confiscación de bienes.

Juliano II el Apóstata

El reinado de Juliano duró dos años (361-363), dejando un imperio en crisis y sin un sucesor. El ejército eligió al general Joviano como nuevo emperador. Él cesó con las reformas religiosas de su predecesor y con toda medida que perjudicase a la Iglesia, ya que él era fiel al Credo de Nicea y, más importante, era un cristiano ortodoxo. Joviano murió en Anatolia en el 364, designando como sucesor al militar Valentiniano I, quien instauró la Dinastía Valentiniana.

La Diarquía de Valentiniano I y Valente I

Apenas llegó al poder Valentiniano dividió el imperio en Occidente y Oriente, siendo él el emperador occidental, y su hermano Valente I el emperador oriental. Esta división fue distinta a las anteriores, ya que no fue una división jurisdiccional, sino la creación de dos entidades totalmente distintas.

El gobierno de ambos emperadores estuvo centrado en una defensa efectiva de las fronteras. Valentiniano llevó a cabo una colosal obra de reconstrucción del sistema defensivo, el cual incluía el reforzamiento de murallas y la construcción de nuevos fuertes. Ciudades fronterizas como Tréveris, París, Reims o Milán, se convirtieron en centros estratégicos para ofrecer una osada defensa contra los bárbaros del Rin.

Una característica del reinado de estos dos emperadores, fueron las políticas de ayuda a los menos favorecidos, apareciendo la figura del defensor de la plebe. Valentiniano en particular, impidió que las aristocracias poseyeran grandes clientelas, reduciendo así su poder en el estado. Los hermanos lucharon contra el paganismo, el Judaísmo y las prácticas esotéricas; ambos eran cristianos, pero profesaban dogmas distintos: Valentiniano era fiel al Credo Niceno, y Valente era arriano.

En el 375 Valentiniano viajó a Panonia para negociar con una tribu de cuados, quienes se habían instalado dentro de las fronteras romanas. Durante una violenta embajada con los cuados en la ciudad de Brigetio, Valentiniano sufrió un ictus cerebral y terminó muriendo.

La sucesión la asumió su hijo Graciano – quien había ejercido como césar de su padre desde el 367 – aún así las tropas del Rin aclamaron a su hermanastro de cuatro años: Valentiniano II. Graciano permitió que su hermanastro gobernara, desde Milán, Italia, África, e Iliria; mientras que él conservaba la Galia, Hispania y Britania.

En Oriente aún gobernaba Valente, quien en el 375 autorizó la instalación pacífica de los godos en Tracia, siempre y cuando defendieran las fronteras de otros bárbaros y enviaran gente a servir en el ejército. Resulta que los pueblos bárbaros del Mar Negro, tales como los godos o alanos, se vieron obligados a migrar despavoridamente hacia territorio romano debido a la repentina llegada de ciertas gentes provenientes de Asia Central: los Hunos. Estos Hunos eran saqueadores, destruían todo a su paso, y se convertirán en el enemigo de tanto godos como romanos.

Caballería de los Hunos

Fritigerno, rey godo, logró obtener el permiso de Valente para movilizar a su gente a través del Danubio y asentarse en Tracia. Pero el dux romano de dicha provincia sacó provecho de la indigente situación de los godos, lo que terminó creando un fuerte resentimiento. Como consecuencia ocurrió una insurrección por parte de los godos. Las revueltas godas obligaron al propio Valente a atender la delicada situación, y confrontó a los godos de Fritigerno en la Batalla de Adrianópolis, ocurrida en el año 378. La Batalla de Adrianópolis resultó en una derrota humillante para Roma, derrota en la que el propio emperador Valente perdió la vida.

Teodosio I asciende al Trono Oriental

La inesperada derrota en Adrianópolis hizo que Graciano apunte a uno de sus mejores generales como emperador de Oriente en reemplazo de Valente: Teodosio I el Grande, oriundo de Hispania. Lo más urgente para Teodosio era llegar a un acuerdo con los godos, y les concedió un foedus en Tracia; es decir, les otorgó tierras para que ellos las administraran de forma libre y autónoma, y a cambio debían respetar el acuerdo original pactado con Valente (defender las fronteras y enviar gente a servir en el ejército romano).

Busto de Teodosio el Grande

Durante el reinado de Teodosio, el número de soldados propiamente romanos dejaron de ser la mayoría absoluta, ya que esta comenzó a ser integrada por bárbaros romanizados. Uno de estos bárbaros fue Flavio Estilicón, magister militum (cargo relativo a comandante general del ejército) de Teodosio, quien era romano pero de orígenes vándalos.

Teodosio era un cristiano ortodoxo, y buscó desvincular al Imperio Romano de su pasado pagano. Fue en el año 380, en el que se decretó el Edicto de Tesalónica, el cual convertía al Cristianismo en la religión oficial del Imperio Romano. A su vez se prohibió el culto a Júpiter, al sol Invictus, se cerró la Academia de Platón, y se restringió la práctica de doctrinas heréticas. Además llegó a destruir el Serapeum de Alejandría, en el tiempo que la filósofa neoplatónica Hipatia era profesora, este serapeum existía desde los días de Ptolomeo Sóter y representaba uno de los últimos vestigios de la cultura helenística. Todos estos actos desembocaron en un conflicto entre Teodosio y San Ambrosio, obispo de Milán, ya que no consideraba sus actos dignos de un buen cristiano y se negó a darle la comunión.

San Ambrosio excluyendo a Teodosio de la Catedral de Milán, cuadro de Van Dyck

En el 383 ocurrió una sublevación en Occidente, ya que un oficial de Britania, Magno Máximo, se había proclamado emperador al mismo tiempo que Graciano era asesinado. Valentiniano II y su madre abandonaron Milán y buscaron refugio en el Imperio de Oriente de Teodosio, concretamente en la ciudad de Tesalónica. Teodosio reaccionó y marchó rumbo a Italia para recuperar Occidente, fue en las batallas de Siscia y Petovio donde Teodosio y su general Arbogastes derrotaron a Máximo, restaurando en el trono de Occidente a Valentiniano II.

Sin embargo, en el 392, Valentiniano II apareció ahorcado en su palacio en Vienne. Arbogastes, tutor del joven emperador, aseguró que se trataba de un suicidio, y en su lugar elevó a un profesor de gramática, llamado Flavio Eugenio, como emperador. Teodosio marchó rumbo a Occidente para deponer al usurpador Eugenio, y a su magister militum Arbogastes, encabezando un monumental ejército, conformado por godos y romanos, liderado por Estilicón y un joven caudillo godo llamado Alarico.

Representación de la Batalla del Frígido

Fue tras en la Batalla del Frígido, en el 394, en la que Teodosio logró recuperar la mitad occidental del Imperio Romano. La guerra civil había diezmado considerablemente la capacidad militar de Roma, las fronteras estaban debilitadas, el mercado esclavista estaba en total decadencia, y los bárbaros habían comenzado a asentarse en territorio imperial; un escenario poco favorable para la estabilidad que buscaba llegar Teodosio.

La División del Imperio: Honorio y Arcadio

Teodosio fue el último emperador en gobernar un Imperio Romano unido, aunque solo fue por unos escasos meses. El emperador encontró la muerte en el año 395, falleciendo en la ciudad de Milán. Antes de morir dividió el imperio de forma definitiva entre sus dos hijos: Arcadio gobernará en Oriente desde Constantinopla, y Flavio Honorio gobernará en Occidente desde Roma y Milán.

El magister militum, y mano derecha, de Teodosio, Estilicón, fue designado tutor del emperador Honorio, ya que este apenas tenía diez años. En Oriente, Arcadio – quien tenía dieciocho años en el momento de la división – pasó a ser una mera marioneta de sus prefectos y consejeros, tales como Eutropio y Rufino. Las luchas de poder entre los propios generales hizo imposible la defensa de las frágiles fronteras del imperio, fronteras que durante el próximo siglo se volverían inexistentes.

División del Imperio Romano, año 395

Referencias Bibliográficas

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