El Reino Visigodo de Toledo

Origen del Pueblo Godo y la Caída del Imperio Romano de Occidente

Los pueblos godos eran una etnia indoeuropea proveniente de Gotland en la actual Suecia, quienes alrededor del año 150, emigraron sucesivamente hacia el sur de Europa, se teoriza que comparten las mismas raíces escandinavas que otros pueblos germánicos, tales como los jutos, los burgundios, o los gépidos. Atravesaron el Mar Báltico hacia la actual Polonia, cruzaron el río Vístula; y para el Siglo III llegaron al Mar Negro.

Los godos del rey Cniva penetraron en territorio romano durante la coyuntura político-militar conocida como la Crisis del Siglo III, venciendo al ejército del emperador Trajano Decio. Pero poco después serían derrotados por el emperador Claudio II en la Batalla de Naissus. Tras Naissus, los godos desistieron de atacar a Roma por cerca de un siglo, y se instalaron no muy lejos del río Danubio.

Los godos eran tradicionalmente paganos, pero acabaron siendo cristianizados por el obispo Ulfilas, quien fue un misionero arriano de los tiempos de Constancio II, y además tradujo la Biblia al idioma gótico. El Arrianismo es una doctrina herética del Cristianismo, que afirmaba que Dios Padre y Dios Hijo eran entidades aisladas, señalando que en la propia trinidad había jerarquías.

A mediados del Siglo IV hacen su entrada los hunos, fieros guerreros que obligaron a los godos a abandonar sus tierras en torno al Mar Negro y huir despavoridamente hacia territorio romano. Fue ahí donde los godos se dividieron en dos facciones: los visigodos (godos del oeste) y los ostrogodos (godos del este). Los visigodos fueron aquellos godos que huyeron hacia el Danubio esperando que el emperador Valente les abra el paso; mientras que los ostrogodos permanecieron en el Mar Negro para enfrentarse a los hunos.

A los visigodos, liderados por su rey Fritigerno, se les dio tierras en Tracia; pero la convivencia entre romanos y visigodos no era para nada armoniosa. Esto condujo a la Insurrección de los Godos, la cual llevó a la Guerra Gótica. Valente fue a solventar la situación pero acabo muerto en la Batalla de Adrianópolis. Teodosio, sucesor de Valente, pacto con los visigodos para formalizar su situación y les entregó un foedus (o latifundio) en la frontera danubiana con tal de que la defiendan de otros invasores y de que sirvieran en el ejército romano.

Teodosio, a su muerte en el 395, dividió el Imperio Romano entre sus vástagos, Honorio y Arcadio, en Occidente y Oriente respectivamente. Los visigodos, liderados por su rey Alarico I del linaje Balto, saquearon Roma en el 410, ya que Honorio se abstenía de pagarles por sus servicios en el ejército romano. El sucesor de Alarico, Ataulfo, llegó a un acuerdo con el emperador de Occidente, en la que los visigodos abandonaban Italia pero se les asentaba en un foedus en la Galia, concretamente en la Aquitania. Ataulfo lideró a su gente a través de los Alpes, cruzaron el Ródano, y llegaron a Barcino (actual Barcelona), donde fue asesinado.

En aquel tiempo, Hispania fue testigo de la invasión de diversos pueblos bárbaros, entre los que se encuentran los vándalos, los suevos y los alanos. Walia, sucesor de Ataulfo, pactó con Honorio, en el 415, la expulsión de estos pueblos de la península a cambio de que se formalizara el asentamiento de los visigodos en la Aquitania, quienes establecieron su reino con capital en Tolosa, en el 418.

Los visigodos aniquilaron a los alanos, se enfrentaron a los suevos del rey Requila (quienes habían formado su reino en la Gallaecia con capital de Braga), y en el 429 forzaron a los vándalos a emigrar de Hispania al norte de África. Tras la muerte de Walia llegó Teodorico I, quien intervino en la Batalla de los Campos Cataláunicos en el 451 como aliado de Roma contra el Imperio Huno de Atila.

A Teodorico I le sucedería su hijo Teodorico II, quien supo hacer alianzas, especialmente con romanos y burgundios en su contienda contra los suevos de Requiario, donde los visigodos asestaron una contundente victoria en la Batalla del Río Órbigo. En el 466, a Teodorico II le sucedió – y asesinó – su hermano Eurico; fue este Eurico quien contempló la caída del Imperio Romano de Occidente cuando las tropas del rey hérulo, Odoacro, entraron en Rávena y depusieron al joven emperador Rómulo Augústulo. Tras la caída de Roma, Eurico proclamó suyos todos los territorios que conquistaron para los romanos en Hispania, disolvieron el foedus, y consolidaron un reino independiente que abarcaba gran parte de la Península Ibérica (a excepción de la Gallaecia dominada por suevos, y de las montañas del norte dominadas por cántabros y vascones), así como la Occitania y la Aquitania francesa, teniendo como frontera natural al río Loira.

Reino Visigodo de Tolosa y la Retirada de la Galia

Tras la caída del Imperio Romano de Occidente, el Reino Visigodo de Tolosa se convirtió en un reino independiente, con Eurico como su primer monarca autónomo. El rey Eurico redactó el llamado Código de Eurico, un cuerpo legal de derecho visigodo, el cual estaba basado en el Derecho Romano. Los visigodos eran una minoría en su propio reino, conformando una población de 200 000 habitantes; quienes eran la mayoría eran los hispanorromanos, siendo alrededor de 4 000 000 habitantes. Ello no impidió, sin embargo, que se afirmara su poder militar y político en el territorio.

Máxima extensión del Reino Visigodo de Tolosa (476-507)

En la cúspide de la pirámide social visigoda se encontraba el monarca, quien tenía una figura electiva, mas no hereditaria como era el caso del Reino Franco. Quienes votaban era la aristocracia terrateniente y la élite eclesiástica, aunque estos últimos recién podrían participar en la elección del monarca en el 587, tras el abandono del Arrianismo y la conversión del Catolicismo por parte de los visigodos. Las élites sociales godas contaban con beneficios legales, en contraposición con la plebe, ya sean siervos, esclavos, o comerciantes libres.

En el año 484 fallecería Eurico, y le sucedería su hijo Alarico II; quien fue fuertemente intimidado por Clodoveo I, rey de los francos. A tal punto que le negó asilo político a uno de los enemigos de Clodoveo, Afranio Siagrio. Siagrio lideraba el último reducto del Imperio Romano de Occidente en la ciudad de Soissons. Alarmado, Alarico permitió indirectamente la eliminación y ejecución de este caudillo romano por parte de Clodoveo.

Representación Histórica de Alarico II, rey de los visigodos

En el 507 las tensiones entre visigodos y francos desembocaron en la Batalla de Vouillé, la cual fue una derrota total para los visigodos, quienes perdieron ante Clodoveo la Aquitania y la Occitania, lo que incluía renunciar a la ciudad capital de Tolosa. Los Pirineos pasaron a ser la frontera natural entre francos y visigodos, aún así lograron retener la Galia Narbonense, llamada Septimania por los godos. En la batalla también perdió la vida el propio Alarico II, y quien lideró la retirada fue su hijo ilegítimo, Gesaleico. La pérdida territorial obligo a establecer una nueva capital, y la elegida fue Toledo, aunque de momento la corte se mantendría en la ciudad de Narbona, de población galorromana, y punto de encuentro comercial.

La Consolidación del Reino Visigodo de Toledo

El reinado de Gesaleico estuvo plagado por oposición, ya que los nobles visigodos se abstenían de reconocerlo debido a su procedencia ilegítima, y en su lugar aclamaron a su hermanastro Amalarico, quien a su vez era nieto de Teodorico el Grande, rey de los ostrogodos. Teodorico depuso a Gesaleico – quien huyó a África – y aclamó a su joven nieto. Aunque debido a la corta edad de Amalarico, el ostrogodo cubrió la regencia hasta el 522. Amalarico reinó en solitario hasta el 531, año en que sería depuesto por los francos tras que se supiera en las cortes francas de que el joven rey maltrataba a su esposa, Clotilde, hija del ya muerto Clodoveo.

La muerte de Amalarico supuso la extinción del linaje de Alarico, el rey visigodo que saqueó Roma en el 410. Tras su muerte llegarían una serie de generales ostrogodos al trono visigodo, el primero de ellos fue Teudis, quien logró consolidar el traslado de la capital de Narbona a Toledo. Una ciudad con una posición estratégica privilegiada, ya que estaba rodeada por el río Tajo, lo que la volvía una urbe fácil de defender.

Tras el breve reinado de Teudiselo, último de los regentes ostrogodos, estalló una guerra civil dentro del propio reino. El nuevo rey electo, Agila I, se vio obligado a enfrentar una serie de rebeliones producidos a lo largo de Hispania; varias de estas rebeliones estaban encabezadas por el usurpador Atanagildo, quien fue proclamado monarca en Sevilla. Esta coyuntura política facilitó la invasión de los ejércitos bizantinos del emperador Justiniano el Grande, quien pretendía recomponer el viejo Imperio Romano. Justiniano había lanzado una ofensiva en el Mediterráneo occidental, conquistó Italia, Dalmacia y el norte de África; sometiendo las islas estratégicas del Mar Tirreno. En Hispania, los bizantinos tomaron Cádiz, Málaga, Sevilla, Cartago Nova y llegaron hasta Córdoba. Tras el asesinato de Agila, el nuevo rey Atanagildo, se vio obligado a pactar con Justiniano la anexión de aquellos territorios, de esta forma los bizantinos formaron la provincia de Spania.

La Península Ibérica en el año 555

Tras Atanagildo llegaría el rey Liuva I en el 567, quien provenía de una familia nobiliaria de la Galia Narbonense. Liuva nombró como cogobernante a su hermano Leovigildo, quien llevaría al Reino Visigodo a su mayor esplendor. Dividieron el reino en dos centros de poder: Narbona y Toledo; ya que mientras Liuva luchaba contra los francos en la Septimania, Leovigildo luchaba contra los bizantinos al sur peninsular, llegando a recuperar Córdoba en el proceso. Pero en el 572 fallecería Liuva mientras guerreaba contra los francos, dejando el reino en su totalidad a su hermano Leovigildo.

Leovigildo puso fin al Reino Suevo de la Gallaecia, tras derrotar a su rey, Mirón, en el 585. Combatió contra los indomables vascones, e intentó unir al reino en el aspecto religioso: traer la paz a las confrontaciones entre arrianos y católicos. Permitió el matrimonio entre godos e hispanorromanos. Llevó a los visigodos a un periodo de calma, estabilidad y prosperidad. Leovigildo adoptó el sistema administrativo romano, manteniendo las provincias preexistentes. Un gobernador provincial, concretamente de Bética, era el príncipe Hermenegildo, quien abrazó el Catolicismo con apoyo del obispo de Sevilla, San Leandro, dejando atrás las doctrinas arrianas visigóticas. Esta querella llegó a involucrar al propio emperador de Constantinopla, Tiberio II; pero acabó con el asesinato del heredero de Leovigildo en extrañas circunstancias.

Representación Histórica de Leovigildo, rey de los visigodos

No obstante, el sucesor de Leovigildo, Recaredo, logró la unificación religiosa en el reino, descartando las diferencias entre los católicos hispanorromanos y los godos arrianos; ya que este rey se convirtió al Catolicismo. En el 589 convocó el III Concilio de Toledo, acogiendo el Credo Niceno. En este concilio acudieron los grandes jerarcas visigodos, convocados por el obispo de Sevilla, San Leandro. La unidad general peninsular llegaría tiempo después, con el monarca Siuntila, quien gobernó durante la segunda década del Siglo VII. Esto fue así, ya que en el 629 puso fin a la prefectura bizantina de Spania de las costas levantinas, y además sometió a los vascones. El último paso para consolidar la unidad hispánica lo dio el rey Recesvinto, quien promulgó en el 654 el líber ludicum, también conocido como el Código de Recesvinto o Fuero Juzgo; lo que acabó con las diferencias legales entre visigodos e hispanorromanos, suponiendo la unificación jurídica.

Organización Política, Social e Institucional

El Reino Visigodo fue el reino germánico que más se romanizó, adoptando en grandes proporciones las tradiciones y la cultura romana. Sin embargo, la actividad comercial decayó, dándose un mayor peso en la actividad rural. Los latifundios se convirtieron en centros de articulación social, económica y política, quienes estaban al mando de los latifundios era la aristocracia, tanto visigoda como hispanorromana. Con el pasar de los años, estos aristócratas ganarían más derechos en perjuicio de los campesinos que ahí trabajaban, quienes, a su vez se convertirían en vasallos.

Con la conversión de Recaredo, las élites eclesiásticas tendrían mayor capacidad de acción en materias políticas, y la cultura se convirtió en monopolio de la Iglesia. Ciudades como Sevilla, Toledo o Cesaraugusta (ciudad que la posteridad llamará Zaragoza) se convirtieron en la ubicación de grandes escuelas episcopales.

San Leandro, obispo de Sevilla

La institución política del Reino Visigodo era la monarquía, el cual inició actuó como un estado centralizado, pero con el pasar de los años se iría descentralizando en favor de los gobernadores provinciales y la aristocracia terrateniente. El rey tenía poderes en ámbitos jurídicos, legales, administrativos y militares; adoptaron varias ceremonias de investidura de los viejos emperadores romanos, como el rito de la Unción Regia, que recibían de los obispos, lo cual les confería cierto carácter divino. Era un puesto electivo, pero eso no quita que varios reyes intentaron volverlo hereditario, recurriendo al procedimiento de la asociación al trono; algunos de ellos fueron Siuntila, Chintila, o Chindasvinto. Pero otros intentaron mantener firmes los principios electivos, como Sisenando, quien lo ratificó en el IV Concilio de Toledo del 633.

Los monarcas era auxiliados por el Officium Palatinum, el cual era un concilio de asesores. Además contaban con el Aula Regia, conformada por los grandes magnates del reino, este era el órgano que tenía la función de elegir al monarca; obtuvieron el título de ”comes”, el cual derivó a ”condes”. Por otro lado se encontraban los Concilios de Toledo, instituciones eclesiásticas, pero que terminarían desempeñando mayores poderes políticos, no solo por las decisiones tomadas, sino porque los convocantes eran los propios reyes.

Como mencioné previamente, los visigodos mantuvieron el sistema administrativo romano; es decir, las viejas provincias romanas se mantenían en pie. Cada provincia era gobernada por un dux o duque, la cual a su vez, estaba dividida en distritos, administrada por un comes civitatis. En el aspecto militar, el ejército visigodo tenía dos tipos de tropas: los permanentes y los temporales, este último era reclutado personalmente por los nobles para realizar acciones más concretas. Los viejos pretorianos romanos también fue adoptados por los visigodos, los cuales pasarían a llamarse gardingos. Esta guardia tendía a actuar más en contra del soberano que a favor suyo, ya que los reyes tendían a ser depuestos y usurpados. Los gardingos podían aspirar a convertirse en nobles, y al hacerlo podían adoptar a los bucelarios, quienes eran una milicia privada auxiliar.

Un personaje reconocido, dentro del margen de la cultura visigoda, fue el arzobispo de Sevilla, San Isidoro, hermano de San Leandro. Este arzobispo presidió el IV Concilio de Toledo en compañía del rey Sisenando, y fue muy renombrado por todas las obras que produjo. Es conocido por su obra ”Historia de los Godos”, donde recogía la historia de tanto godos como vándalos y suevos, aunque el relato tiende a ser contradictorio, es considerado de inmensa calidad literaria. Ante todo, San Isidoro de Sevilla es conocido por Etimologías, cuyo principal objetivo era salvaguardar el legado cultural clásico romano, y tradicionalmente, es referida como la primera enciclopedia cristiana.

Decadencia y Caída

El último gran rey visigodo fue Recesvinto (poseedor del Tesoro de Guarrazar) y muerto en Valladolid en el año 672. Tras Recesvinto llegaron los reinados efímeros de Wamba, Ervigio, Égica y Witiza; quienes vieron al reino sobrepasar una aguda crisis. A finales del Siglo VII, los visigodos tuvieron que enfrentar un epidemia que causó la mortandad a lo largo del reino; del mismo modo, las malas cosechas aumentaron el crimen, la pobreza y la hambruna, lo que vino acompañado de una mayor presión fiscal.

Por otro lado, las confrontaciones eran bastante recurrentes: visigodos contra hispanorromanos, judíos contra cristianos, católicos contra arrianos; lo que hacía imposible que imperara la paz y la prosperidad. La pérdida del poder real, se vio compensado con la mayor obtención de poder por parte de la nobleza, quienes guerreaban constantemente entre sí. Esta situación de violencia empeoró cuando Égica convocó los XVI y XVII Concilios de Toledo, ya que en ellos – entre otras cosas – se reivindicó la política antijudía, debido a una discriminación religiosa, prohibiéndoles el comercio exterior y con cristianos.

Representación Histórica de Égica, rey de los visigodos

En el reinado de Witiza, los problemas sociales que atravesaba el reino eran sumamente tangibles, haciendo que la situación interna se volviera insostenible. Su muerte, en el 710, desembocó en una guerra civil: por un lado se encontraba el rey Rodrigo, quien contaba con apoyo de la nobleza; y por otro lado se encontraba Agila II, hijo y heredero de Witiza. Agila II cometió el craso error de solicitarle apoyo a Musa Ibn Nusair, mejor conocido como el Moro Musa, quien era el gobernador musulmán del Magreb – el norte de África – del Gran Califato Omeya de Damasco. La propuesta del heredero de Witiza interesó a Musa, y este envió al general bereber Tariq Ibn Ziyad, quien reunió un ejército en Tánger.

Tariq desembarcó con su ejército de 15 000 hombres en Tarifa y Algeciras (estrecho de Gibraltar). El rey Rodrigo reunió a sus huestes y fue a por los invasores del Magreb. Ambos ejércitos se encontraron en la Batalla de Guadalete, ocurrida en el 711, en donde los musulmanes asestaron una victoria total contra las fuerzas godas, quienes perdieron a su monarca en batalla.

Batalla de Guadalete (711)

Musa no iba a desperdiciar tal oportunidad, y reclamó las tierras de Hispania, tierras que se encontraban en una situación de anarquía tras la muerte de Rodrigo en Guadalete. Los supervivientes de la batalla huyeron a Toledo, pero apenas resistieron. Una a una, las provincias cayeron ante los musulmanes. Agila II intentó frenar el avance de Tariq en Zaragoza y el Ebro, por lo que se infiere que murió luchando hacia el 716. El último remanente visigodo se encontraba en la Septimania, liderado por un regente llamado Ardón, pero terminó cayendo ante los ejércitos musulmanes en el 720. Musa se declaró gobernador de la nueva provincia anexada al Califato Omeya, provincia que los musulmanes llamarán Al Ándalus.

El avance del Islam parecía imparable, pero en el 722, los habitantes de Cangas de Onís (en la región de Asturias) se rebelaron contra Musa, derrotando a los musulmanes en la Batalla de Covadonga. Su rey era Don Pelayo, y con él se dio inicio a la Reconquista.

Referencias Bibliográficas

Historia de España (2020). Reino Visigodo. Recuperado el 16 de Marzo de 2021 en https://historiaespana.es/edad-antigua/reino-visigodo.

EcuRed (s.f.). Pueblo visigodo. Recuperado el 16 de Marzo de 2021 en https://www.ecured.cu/Pueblo_visigodo

Garrido, A [Pero eso es otra Historia]. (2018, Marzo 18). ESPAÑA MEDIEVAL 1: El Reino Visigodo de Toledo – Los Visigodos (Documental Historia). Recuperado el 16 de Marzo de 2021 en https://www.youtube.com/watch?v=OnTV8xRNmgA&list=PL_dxNDksLciAbQZ94_8aOlSbVpkBjLIvi&index=3

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