El Reino de Navarra de Sancho el Mayor

Introducción al Reino de Pamplona

En el Siglo VII, el rey de los francos Clotario II creó el Ducado de Gascuña como Estado tapón contra las tribus vasconas, este ducado estaba sujeto a la autoridad del gran Ducado de Aquitania. El mencionado territorio era habitado por los gascones – se desconoce si guardaban relación con los vascones. Al sur de este ducado franco encontramos ciudades hispanogodas y vasconas, como Nájera, Pamplona, o Calahorra.

En el año 711, ocurrió la famosa invasión musulmana a Hispania, invasión que terminó de sepultar al Reino Visigodo de Toledo, y consolidó, en su lugar, al Valiato de Al Ándalus, provincia del Gran Califato Omeya de Damasco hasta el 756. Las élites de la ciudad vascona de Pamplona se vieron obligadas a pactar con los omeyas para mantenerse en el poder, algo similar hizo la familia nobiliaria de la ribera del Ebro, los Casio, quienes dieron un paso más allá y se convirtieron al Islam, naciendo el clan muladí de los Banu Qasi (de esta linaje pertenecerá Musa ibn Musa). Al norte de estos territorios estaban los francos, quienes ahora eran gobernados por el emperador Carlomagno y la famosa Dinastía Carolingia.

Península Ibérica. Circa 814.

La primera invasión franca al norte de Hispania se dio en el año 778, cuando Carlomagno – tras un fallido intento de asedio en Zaragoza y un saqueo a Pamplona – fue derrotado por los vascones mientras su ejército desfilaba en la comarca de Roncesvalles. Treinta años después, Carlomagno y su heredero Ludovico Pío, perpetuaron otra invasión a Hispania, la cual tuvo mayor éxito: en el 801 tomaron Barcelona, para el 810 toda la cordillera de los Pirineos se encontraba en manos carolingias, y finalmente en el 812, Carlomagno absorbió Pamplona y lo que hoy es Navarra. Estos territorios peninsulares se convirtieron en la Marca Hispánica; es decir, un Estado tapón que sirve como provincia defensiva fronteriza para contener las incursiones de algún Estado vecino, en este caso del Emirato de Córdoba.

Esta Marca Hispánica estaba dividida en varios condados, los cuales le debían prestar vasallaje al emperador carolingio. Acá podemos encontrar a Urgel, Aragón, Ribagorza, Sobrarbe, Barcelona, Ampurias o Besalú, algunos de los cuales son recordados coloquialmente como Condados Catalanes. Pamplona también integraba la Marca Hispánica, pero esta no llego a constituir un condado, sino más bien fue anexado al Ducado de Gascuña (abordado en el primer párrafo).

Pamplona se encontraba en medio de las pretensiones del Emirato de Córdoba y del expansionista Imperio Carolingio; a pesar de sus intentos por conservar su soberanía, los pamploneses aceptaron someterse al patronato franco en el 812 como medida de protección contra el Islam. La ciudad de Pamplona pasó a estar gobernada por el conde profranco Velasco el Gascón. Sin embargo, en el 816, las fuerzas omeyas del emir Al-Hákam I, derrotaron al ejército conjunto de pamploneses y francos en la Batalla de Pancorbo. Dicha derrota derivó en una serie de revueltas por parte de los vascones pamploneses, que acabó con el nombramiento de Íñigo Arista como monarca de Pamplona. Tuvo que esperar a la II Batalla de Roncesvalles, para consumar la emancipación de este primitivo Reino de Pamplona del vasallaje al ducado franco de Gascuña, la cual se consiguió con apoyo de sus aliados regionales, particularmente de los Banu Qasi.

Íñigo Arista, primer monarca de Pamplona

En 851 falleció Íñigo Arista, dejando el trono pamplonés a su heredero García Íñiguez, quien se enfrentó a las invasiones vikingas, y a la desaprobación de sus belicosos vasallos frente a la conformista alianza de la familia Arista con los Banu Qasi. En este contexto surgió la familia Jimeno, vasallos de los Arista, y gobernantes de Sangüesa. Esta familia de nobiliaria buscaba convencer a Fortún Garcés (hijo de García Íñiguez) de fortalecer una alianza entre Pamplona y el Reino de Asturias de Alfonso III.

La familia de los Jimeno consiguió poder y hegemonía, al punto que forzaron a Fortún a abdicar y recluirse en un monasterio, concretamente en el de San Salvador de Leyre. En el 905, la Dinastía Jimena desplazó a la Dinastía Arista, con Sancho Garcés I, considerado el primer rey de Pamplona. Sancho Garcés conquisto Calahorra, Nájera, logró aproximarse diplomáticamente con el Reino de León y con el Condado de Aragón, y sentó las bases para un poderoso reino que alcanzaría su apogeo con su tataranieto: Sancho Garcés III, apodado ”el Mayor”.

El Ascenso de Sancho Garcés III

Sancho Garcés III el Mayor, fue rey de Pamplona o rey de Navarra, y es recordado ya que se encomendó la tarea de unificar todos los reinos cristianos peninsulares, y estuvo muy cerca de lograrlo. Nació en el año 992, siendo hijo del rey García Sánchez II el Trémulo de Pamplona, a quien sucedió en el año 1000, aunque debido a su minoría de edad tuvo que gobernar bajo un consejo de regencia presidido por su primo. Se crió en Nájera, en compañía de su madre Jimena Fernández y su abuela Urraca. Durante su infancia, su padre el rey pamplonés García Sánchez II, se veía amenazado por las incursiones devastadoras de Almanzor, gobernante de facto del Califato de Córdoba.

En el año 1004, a la corta edad de doce años, Sancho fue coronado rey de Navarra. Su padre le había delegado tres regiones, las cuales había unificado a través de la corona navarra: Pamplona, las tierras riojanas, y el Condado de Aragón. Estos territorios incluso llegaron a abarcar Guipúzcoa y el valle del Baztán. El joven rey estableció su residencia en la ciudad que creció, Nájera, restando importancia a la histórica ciudad de Pamplona.

En aquellos años ocurrió la desintegración del Califato de Córdoba en la conocida Gran Fitna. Este acontecimiento marcó un punto de inflexión en la Reconquista, y a corto plazo se tradujo como un periodo de paz para los reinos cristianos. Este periodo de paz fue aprovechado por Sancho III para extender su red de influencias y relaciones – ya sea dentro o fuera de la península Ibérica. Forjó favorables relaciones con Francia, el Sacro Imperio Romano Germánico y los Estados Pontificios, rompiendo con tres siglos de aislamiento. Además alineó a Navarra con las nuevas corrientes que llegaban desde Europa Continental, por ejemplo el estilo Románico, las nuevas técnicas para el cultivo de cereales o la reforma de Cluny, y permitió su expansión a través de la porción cristiana de la península Ibérica gracias a la conexión que brindaba el Camino de Santiago.

El Expansionismo del Rey Navarro

Los esfuerzos militares de Sancho III iniciaron con los condados aragoneses de Sobrarbe y Ribagorza, los cuales fueron anexados por el rey navarro al reclamar derechos dinásticos frente a las pretensiones de Ramón Borrell, conde de Barcelona. Además, aprovechó el desmembramiento del Califato de Córdoba para atacar al Reino Taifa de Zaragoza. Aunque las conquistas territoriales en territorio musulmán fueron mínimas, Sancho logró ejercer una mayor supremacía en la zona del noreste peninsular, llegando a ser reconocido por el conde de Barcelona y el duque francés de Gascuña.

En el año 1010, Sancho III contrajo matrimonio con la hija del conde de Castilla, Muniadona, perteneciente a la Casa de Lara. Lo cual estrechó las relaciones entre el Condado de Castilla (perteneciente al Reino de León) y el pujante Reino de Navarra. De este matrimonio surgieron cuatro hijos importantes para el devenir de los acontecimientos: Fernando, García Sánchez, Gonzalo y Jimena. Previamente, Sancho había tenido otro hijo con la noble pamplonesa Sancha de Aibar: Ramiro (quien la posteridad recordará como el primer rey de Aragón).

Dinastía Jimena Siglo XI
Leyenda:
Esposo de: Rosado
Hermano de: Verde
Hijo de: Azul

El Condado de Castilla era vasallo del Reino de León, gobernado en aquel entonces por Alfonso V, cuñado de Sancho III, ya que estaba casado con Urraca, hermana del rey navarro. El rey leonés falleció en el año 1028 durante un asedio a un feudo portugués, delegando el reino a su joven hijo de diez años Bermudo III. Debido a la corta edad del heredero, Urraca, madrastra de Bermudo y hermana de Sancho III, se encargó de los asuntos de Estado en León. El pueblo leonés era contrario a que la hermana de un rey extranjero se dedicara a gobernarles, entendiendo que esta regencia podía aumentar la supremacía de Sancho III sobre tierras leonesas. Particularmente hubieron fuertes insurgencias en Castilla, gobernada por el conde García Sánchez, quien era cuñado del rey Sancho.

En el año 1029, debido al temor que provocaba la posibilidad de una guerra civil, se acordó una boda entre García, conde de Castilla, y Sancha de León, hermana de Bermudo III. La ceremonia tendría lugar al norte de Palencia, entre los ríos Cea y Pisuerga. Sin embargo, el joven conde castellano fue asesinado durante la ceremonia, lo que generó una crisis que involucraba a todos los Estados cristianos.

Asesinato de García Sánchez de Castilla a manos de conspiradores de la Familia Vela

La más afectada por este magnicidio fue Castilla, la cual quedó con un fuerte vacío de poder ante la ausencia de un conde. Quien se dispuso a rellenar ese vacío fue nuestro protagonista, Sancho Garcés III de Navarra, ya que apeló al parentesco de hermandad que tenía su mujer Muniadona con el difunto, y por extensión le correspondía a él regir el destino de Castilla. Sin mayor oposición, el rey navarro absorbió Castilla, incluyendo Álava, Vizcaya, Monzón y Carrión, designando a su hijo Fernando como nuevo conde en el año 1030.

El rey de León, Bermudo III, no terminó de aceptar que el Condado de Castilla haya abandonado el vasallaje, y que en su lugar se hubiera sometido al patronato de Navarra. Sin embargo, debido a la inestabilidad interna en León, Bermudo y su madrastra Urraca, no podían permitirse la preocupación por asuntos de hegemonía geopolítica. Aún así la guerra entre Navarra y León estalló. Sancho III aprovechó sus ventajas y avanzó en territorio leonés: tomó Oviedo, Simancas, Astorga, Zamora, y finalmente León en 1034. Bermudo se replegó en Galicia, dejando a Sancho como Rex Ibericus.

Buscando reconciliarse con sus parientes en León, Sancho organizó una serie de nupcias. Casó a su hijo Fernando – quien nominalmente gobernaba en Castilla – con la infanta leonesa Sancha de León (hermana de Bermudo). Luego el propio Bermudo III contrajo nupcias con Jimena, hija del rey navarro. Además, Sancho accedió la devolución de algunas tierras a Bermudo, y ambos fijaron una frontera estable en torno al río Cea.

Península Ibércia, circa 1035

División del Reino y Legado

En el año 1035 falleció el rey Sancho Garcés III de Navarra, y a raíz del fallecimiento se configuró un reparto de todos los territorios conquistados entre los cuatro hijos del monarca. García Sánchez III, el primogénito, heredó Pamplona, los territorios riojanos y partes del Condado de Castilla, como Vizcaya o Álava. Este rey fue conocido por fomentar la construcción de monasterios en estilo Románico, como el Monasterio de San Millán de Yuso, o el Monasterio de Santa María la Real de Nájera. Por su parte, Fernando I siguió ejerciendo como conde de Castilla, aunque con un territorio reducido debido a las pretensiones de su hermano mayor. Finalmente, Ramiro I, el vástago bastardo, recibió Aragón, mientras que Gonzalo recibió Sobrarbe y Ribagorza. Evidentemente, el reparto no agradó a los hermanos, y pronto se adentraron a una guerra civil que redefiniría el destino de España. El primero en caer fue Gonzalo (se desconoce el motivo de su muerte y hay varias teorías al respecto), y como resultado sus territorios fueron delegados a su medio hermano Ramiro I, quien unificó Aragón, Sobrarbe y Ribagorza en el Reino de Aragón.

Por otro lado, la situación no parecía ser nada favorable para el conde Fernando I de Castilla, en medio de los reclamos de Bermudo III de León, y de sus propios reclamos hacia su hermano el rey García Sánchez III de Navarra. Estas pretensiones generaron fuertes tensiones entre el rey leonés y el conde castellano, las cuales se había intentado minimizar a través de una serie de matrimonios políticos. En el año 1037, la guerra estalló, y Bermudo III se encontró enfrentado, no solo contra Fernando, sino contra el rey navarro García Sánchez.

En la Batalla de Tamarón, pamploneses y castellanos derrotaron a leoneses y a su deshonrado rey Bermudo III, quien murió en combate. Debido a la ausencia de descendencia alguna que pudiera reclamar los territorios leoneses, Fernando I, aprovechó la consanguineidad que tenía con el difunto (pues era su cuñado), para reclamar el Reino de León. A pesar de que Fernando fue coronado rey de León, muchos nobles leoneses se mostraban reacios a acatar a su autoridad. Durante este periodo de pacificación, jugo un papel fundamental su esposa, Sancha de León, debido a sus dotes como conciliadora y diplomática. Fernando logró unificar León tras años de lucha, y tras ello llegó la calma, la cual aprovechó para fomentar la expansión de corrientes europeístas en Hispania, como la Reforma de Cluny o el estilo Románico. En este periodo se levantaron la Iglesia de Nuestra Señora de la Anunciada de Valladolid y la Basílica de San Isidoro de León (llamada de dicha forma ya que ahí se conservan los restos de San Isidoro de Sevilla).

La situación entre Fernando I y García Sánchez III tampoco era favorable, debido a los reclamos del primero sobre los trozos de Castilla que su padre había anexado a Pamplona sin mayor reparo. La situación escaló, y ambos reinos se enfrascaron un conflicto bélico. Dicha guerra se resolvió con la Batalla de Atapuerca, ocurrida en el 1054 cerca de Burgos, en la cual murió el rey navarro. El victorioso Fernando solo se limitó a restaurar la integridad de Castilla, mientras que permitió que su sobrino poco experimentado Sancho Garcés IV, hijo de García Sánchez III, herede Navarra. Por otro lado, Fernando I aprovechó para continuar con la expansión en el sur, valiéndose del hecho que Al Ándalus estaba fragmentada en los Reinos de Taifas. El rey leonés tomó ciudades portuguesas como Lamego, Viseo o Coímbra. Asimismo, forzó a las poderosas Taifas de Zaragoza, Badajoz, Sevilla y Toledo a pagarle las parias – un pago que debían pagar regularmente las Taifas para evitar que los reinos cristianos atacasen.

Sancho III el Mayor quedará a la posteridad como un monarca que pretendió unificar a todos los reinos cristianos peninsulares, y conseguir una posición hegemónica para Navarra. Tras este efímero intento hegemónico, el testamento de este rey abrió las puertas para una nueva etapa histórica en la Reconquista, caracterizada por la singularización de los reinos cristianos con la supremacía de Castilla en la meseta hispana, la aparición de Portugal, el enclaustramiento de Navarra y el protagonismo aragonés entre los Pirineos.

Referencias Bibliográficas

Ruiza, M., Fernández, T. y Tamaro, E. (2004). Biografia de Sancho III el Mayor. En Biografías y Vidas. La enciclopedia biográfica en línea. Barcelona (España). Recuperado de https://www.biografiasyvidas.com/biografia/s/sancho_iii.htm el 29 de julio de 2021.

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