Diocleciano y la Tetrarquía

Fin de la Crisis y la Instauración del Sistema Tetrárquico

La Crisis del Siglo III hizo que el Imperio Romano cambiase para siempre: las guerras impulsadas por el deseo de poder y control se perpetuaban, la inseguridad de las rutas (así como la hiperinflación) trajo el declive del comercio, además, los bárbaros del norte comenzaron a arribar en oleadas sucesivas desestabilizando las frágiles fronteras danubianas y germánicas.

La crisis encontró su final en el año 284, año en el cual un nuevo candidato al trono emergió en Nicomedia: Diocleciano. Diocleciano aseguró su posición en el poder tras la Batalla del Margus, en la cual derrotó al emperador en funciones, Carino.

Diocleciano comprendió que para evitar futuras sublevaciones militares, y para asegurar la correcta administración de los vastos territorios imperiales, era imprescindible dividir el Imperio Romano. Tras llegar al poder dividió el enorme imperio en dos, nombrando como coemperador a su lugarteniente Maximiano. Diocleciano fue nombrado augusto (relativo a emperador supremo) de Oriente; y Maximiano, augusto de Occidente.

Representación histórica de Diocleciano

Los primeros años de gobierno de Diocleciano y Maximiano estuvieron agitados con inestabilidad interna y externa, ya que por un lado ocurrió un levantamiento de campesinos descontentos en la Galia, y por otro lado acontecieron una serie de redadas a las ciudades y localidades romanas en el Canal de la Mancha protagonizadas por piratas Francos y Sajones. No fue hasta pacificar las amenazas ya citadas, que Diocleciano instauró, en el 293, la tetrarquía.

El Funcionamiento de la Tetrarquía

Etimológicamente hablando, tetrarquía significa ”gobierno de cuatro”. La tetrarquía, instaurada por Diocleciano, implicaba que el gobierno del imperio se repartiera geográficamente entre cuatro gobernantes.

En primer lugar, existían dos augustos o emperadores mayores, quienes vendrían a ser Diocleciano y Maximiano, en Oriente y Occidente respectivamente. Diocleciano gobernó con sede en Nicomedia, y Maximiano con sede en Milán. Luego, existían dos césares o emperadores secundarios, quienes vendrían a ser Constancio Cloro y Galerio, en Occidente y Oriente respectivamente. Estos césares eran nombrados por los augustos, quienes los sucederían tras veinte años de gobierno o en caso de muerte, nombrando a su vez nuevos césares. Constancio Cloro gobernó como césar desde Tréveris, y Galerio desde Sirmium y Tesalónica. Paulatinamente, la ciudad de Roma fue perdiendo importancia, en beneficio de estas nuevas ciudades, las cuales serían los centros administrativos de cada tetrarca.

Buscando impedir que se repitan los errores políticos cometidos durante la crisis, Diocleciano hizo que el emperador deje de ser visto como un simple soldado al cual se podría deponer (como sucedió en el periodo de anarquía militar), sino buscó otorgarle el carácter divino a la monarquía, convirtiendo el cargo imperial a una especie de embajada divina.

Por ejemplo, a los augustos se les equiparaba con la figura de Júpiter, mientras que a los césares con la figura de Hércules. De esta forma se fomentó la propia jerarquía existente entre los tetrarcas; no obstante, cada emperador mantenía el control y la administración de sus territorios asignados, teniendo entre ellos la misma capacidad de decisión.

Aunque el imperio estuviese dividido en cuatro jefaturas, este seguía existiendo como una entidad única. Y en ocasiones, los tetrarcas participaban en los conflictos de los otros tetrarcas, de esta forma se logró una defensa eficaz de los extensos territorios romanos, sin necesidad de tener que fragmentarlos entre los emperadores.

Por ejemplo: Constancio Cloro derrotó a los piratas Francos y Sajones del Canal de la Mancha, Maximiano a los Bereberes del norte de África, Diocleciano a los Sármatas y Cuados que asolaban la frontera danubiana, y Galerio logró asestar una contundente victoria contra los sasánidas de Narses I en la Batalla de Satala.

El Reformismo de Diocleciano

Los cambios administrativos de Diocleciano no tuvieron tanto éxito como la tetrarquía, ya que complicó innecesariamente la burocracia; además, las campañas militares constantes y los proyectos constructivos incrementaron el gasto del estado e hicieron necesaria una reforma fiscal. En el 301 se promulgó el Edicto de Diocleciano, en el cual se estableció la fijación de precios máximos y del costo de la mano de obra; lo que terminó fomentando el mercado negro.

Creó nuevas provincias, y las agrupó en doce diócesis. Cada diócesis era administrada por un vicario, el cual tenía subordinado a los gobernadores provinciales. Además, cada diócesis también contaba con un dux, máximo jefe militar que tenía bajo su cargo a todas las legiones ahí presentes: la defensa de la diócesis era su deber. Por otro lado, duplicó el número de legiones de treinta a sesenta, un total desatino; lo que vino acompañado de mayores imposiciones tributarias.

Edicto sobre Precios Máximos-Edicto de Diocleciano

La Persecución de Diocleciano y el Cisma Arriano

La persecución de Diocleciano contra los cristianos fue, quizá, la persecución más sanguinaria y despiadada en la historia del Imperio Romano. Desde febrero del 303 hasta abril del 304 se promulgaron un total de cuatro edictos sucesivos, redactados por este emperador oriental y su césar Galerio, en los que quedó registrada la acción emprendida contra la Iglesia.

En el primer edicto se ordenaba la destrucción de los centros de culto y de los libros de las Sagradas Escrituras, además, se decretó la privación de los derechos civiles de los cristianos. En el segundo edicto (promulgado tras la atribución a los cristianos de una serie de disturbios producidos en la isla de Lesbos – isla localizada en el Mar Egeo – y en Siria), se dispuso la detención vitalicia de todo el clero. En el tercer edicto, se exigió a los clérigos arrestados que obraran un sacrificio a los dioses helénicos, los que accediesen sería dejados en libertad, y los que se rehusasen serían ejecutados. Finalmente, en el cuarto, y último, edicto, se sentenció una orden de busca, captura y ejecución a todos los cristianos.

La Última Oración de los Mártires Cristianos, cuadro de Jean-Léon Gérôme

El rigor en que fueron aplicados estos edictos varió dependiendo de cada tetrarca. Mientras que en el Imperio Oriental la persecución demostraba ser totalmente cruenta y sádica; el césar de Occidente, Constancio Cloro – quien gobernaba sobre la Galia y Britania – apenas puso en práctica las políticas de intolerancia religiosa del augusto de Oriente, Diocleciano. Es más, él veía con buenos ojos al Cristianismo, y tan solo llegó a ejecutar parcialmente el primer edicto.

Mientras la Iglesia era sometida a la persecución, los cristianos también se vieron obligados a enfrentar un cisma dentro de su propio seno. Durante la tetrarquía, un presbítero bereber de Alejandría llamado Arrio, comenzó a predicar que Jesucristo no era Dios sino un enviado de este, y por ende existía una relación de subordinación, descartando los dogmas trinitarios evangélicos.

Esta nueva interpretación de la cristología desencadenó un cisma conocido como Arrianismo. Las acciones de Arrio también llevó a que otros teólogos hagan lo mismo: por ejemplo se encuentra Nestorio, fundador del Nestorianismo, quien sostenía que Jesucristo estaba radicalmente separado en dos naturalezas: la divina y la humana; otro teólogo que siguió los pasos de Arrio fue el sabio persa Maní, quien fundó un religión universalista llamada Maniqueísmo, la cual pensaba rivalizar al Zoroastrismo, al Cristianismo y al Budismo.

Arrio, fundador del Arrianismo

Desmoronamiento de la Tetrarquía

En el año 305 se celebraron veinte años del ascenso de Diocleciano y Maximiano al trono imperial, y tal como indicaba el funcionamiento de la tetrarquía, estos debían abdicar. Tras su abdicación se consumió el nombramiento de Constancio Cloro y Galerio como augustos.

Pero la situación política del momento acabó desmoronando la sucesión dinástica dentro de la tetrarquía. Galerio nombró como césares a Severo II en Occidente y a Maximino II Daya en Oriente, marginando la voluntad de Constancio y Maximiano, quienes pretendían nombrar como césares de Occidente a sus respectivos hijos: Constantino y Majencio.

Podría decirse que el sistema tetrárquico, instaurado por Diocleciano, es uno de aquellos sistemas que funcionan en la teoría, mas no en la práctica. La abdicación de Diocleciano desembocó en un enfrentamiento – entre los tetrarcas y los aspirantes al trono – en la que solo un pretendiente podría prevalecer: este fue Constantino I el Grande, hijo de Constancio Cloro, cuyas políticas marcarían un antes y un después en la historia de la humanidad.

Referencias Bibliográficas

Palanca, J (s.f.). Diocleciano y la tetrarquía, LC Historia. Recuperado el 2 de Marzo de 2021 en https://www.lacrisisdelahistoria.com/tetrarquia/

Palanca, J (s.f.). Las reformas de Diocleciano, LC Historia. Recuperado el 2 de Marzo de 2021 en https://www.lacrisisdelahistoria.com/consecuencias-gobierno-diocleciano/

Gorka Gaztelumendi, S (2006, Julio). Años 303 – 305 / Persecución de Diocleciano, Dpto. de Religión. Recuperado el 2 de Marzo de 2021 en https://gecoas.com/religion/historia/antigua/sigloI-P.htm

Garrido, A [Pero eso es otra Historia]. (2017, Abril 6). ANTIGUA ROMA 7: La Crisis del Siglo III y el Imperio cristiano de Constantino I el Grande (Historia) [Archivo de Video]. Recuperado el 2 de Marzo de 2021 en https://www.youtube.com/watch?v=iKAUEfhHOmM

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