Clodoveo, Rey de los Francos

Los Francos Salios y las Invasiones Bárbaras

Durante la Crisis del Siglo III, el Imperio Romano fue sacudido por incesantes invasiones germánicas procedentes del otro lado del Rin. Uno de estos pueblos bárbaros eran los francos, estos francos solían ser un conglomerado de tribus de la actual Westfalia, que paulatinamente fueron migrando hacia el río Ruhr. Poco después, los francos terminarían dividiéndose en dos facciones: los salios y los ripuarios. Hablaban un dialecto germánico llamado fráncico, el cual evolucionará para convertirse en los actuales neerlandés y flamenco.

Los francos chocarían de bruces con los romanos, a quienes se enfrentarían en numerosas ocasiones durante los Siglos III y IV. Al igual que otros pueblos germánicos, los emperadores romanos terminarían asentando a los francos en un foedus en Renania, en torno a la ciudad de Colonia; con el objetivo de que defendieran las tierras romanas de otros bárbaros.

División de los pueblos francos del Rin, circa Siglo IV

En el año 395, el emperador Teodosio dividió el Imperio Romano de forma definitiva en Oriente y Occidente. Esta división fue un intento de salvaguardar al imperio de en medio de una inestable situación política, económica, social, geopolítica y religiosa.

Hasta el año 405 se mantuvo una administración estable de las fronteras romanas, pero las guarniciones defensivas estaban conformadas, en su mayoría, por mercenarios germanos, sucedió que al llegar nuevos pueblos bárbaros, tales como los burgundios, los lombardos, o los frisones, varios caudillos germanos al servicio de Roma terminaron descuidando su puesto, y como consecuencia la estructura imperial colapsó. En el año 406, se produjo una invasión masiva de suevos, alanos y vándalos hacia Hispania; y alrededor del 415, los visigodos y los burgundios emigraron hacia la Galia. Los visigodos establecieron su reino en Aquitania con capital en Tolosa, mientras que los burgundios en la cuenca del Ródano, estableciendo su capital en Lugdunum (Lyon), liderados por su rey Gondioc.

Los Antepasados Mitológicos de Clodoveo

La mitología franca documenta varios monarcas legendarios que lideraron al pueblo franco en la conquista del este de la Galia romana. Uno de ellos fue Faramundo, rey de los francos salios, que atravesó el Rin alrededor de 420. Le sucedió su hijo, Clodión el Cabelludo, quien conquistó Tréveris, incluso penetró hasta el río Somme. Clodión se enfrentó con Flavio Aecio, magister militum de Valentiniano III, en tres ocasiones, saliendo derrotado en todas ellas.

El hijo de Clodión sería Meroveo, quien daría nombre a la Dinastía Merovingia. De acuerdo a las crónicas francas, Meroveo fue concebido por el Quinotauro, un monstruo marino. Meroveo prestó sus servicios a Aecio en la Batalla de los Campos Cataláunicos, sucedido en el 451, contienda en la que se cortó el avance huno por la Galia.

Childerico I, hijo de Meroveo, es conocido por conquistar la ciudad de Tournai, la cual se convertiría en la primera capital del estado franco. Childerico I tomó la mano de Basina, reina de Turingia; y fruto de esa relación nació el monarca que nos compete: Clodoveo I.

Basina de Turingia pidiendo la mano de Childerico I, rey de los francos

Reinado de Clodoveo I

Clodoveo fue coronado rey de los francos en el 481, eliminó a toda oposición y aplicó medidas sanguinarias con tal de permanecer en el poder. Cuando cayó el Imperio Romano de Occidente, un gran vacío de poder se creó en la Galia romana; por lo que Clodoveo sacó provecho de la inestable situación política para expandir sus dominios. Tomó Cambrai de los galorromanos, y luego se dirigió hacia los dominios occidentales de la Galia, los cuales aún estaban regentados por un general romano llamado Afranio Siagrio.

Venció a Siagrio en la Batalla de Soissons, ocurrida en el 486, y anexionó sus territorios, expandiendo al Reino Franco por toda la Galia. Poco después sometería a los alamanes, tras la Batalla de Tolbiac del 506.

Contraería matrimonio con la princesa católica Clotilde, en el año 493, hija del rey burgundio Chilperico II. Gracias a la influencia de su esposa, Clodoveo se convertiría al Catolicismo, siendo bautizado por Remigio, obispo de Reims. La conversión de Clodoveo sería seguida del resto de los francos, de esta forma el rey franco inició con el proceso de consolidación de la cultura franca con la galorromana, quienes eran mayoritarios.

Clodoveo continuó con sus campañas expansionistas al sur, fijando su mirada en los arrianos del Reino Visigodo de Alarico II. Las tropas francas atravesaron el río Loira en el 507, y enfrentaron a las fuerzas visigodas en la Batalla de Vouillé. Los francos acabaron fulminando a los visigodos de Alarico II en dicha batalla, batalla que acabó con la vida del monarca godo, y consolidó la expansión de los dominios de Clodoveo hasta los Pirineos.

Bautismo de Clodoveo

Clodoveo instalaría la capital del Reino Franco en París, donde se erigieron múltiples iglesias por los alrededores. Se mantuvo el estilo arquitectónico romano, aunque los francos lo complementaron con detalles germánicos, por ejemplo se introduciría la ventana. Los francos no se complicaron con la burocracia estatal, y más bien adoptaron varios sistemas administrativos romanos. El rey, o rex francorum, mantenía el poder absoluto, aunque pronto lo iría perdiendo en favor de los leudes; es decir la aristocracia del funcionariado, de quienes aparecerían los condes o duques.

La aparición de los reinos germánicos en Occidente, en marginación del Imperio Romano, supuso una decadencia cultural. Ya que, los bárbaros eran analfabetos, iletrados, agrestes, seminómadas, y poco dedicados al arte. Como mencioné previamente, los francos salios hablaban la lengua fráncica; pero con el pasar de los años, y al integrarse de una forma efectiva con la población galorromana, fueron adoptando el latín, el cual fue vulgarizándose hasta derivar en el francés antiguo.

Clodoveo también es recordado como un legislador, ya que en el 508, puso por escrito la Ley Sálica. La cual regulaba los derechos a la sucesión monárquica, la penalización, las leyes en relación a herencias, etc. También apareció como institución jurídica la ordalía, la cual era una prueba ilógica para averiguar la culpabilidad de un acusado: se arrojaba al acusado a un río; si flotaba era culpable y si se hundía era inocente, ya que se creía que un poder maligno lo estaba empujando a la superficie.

En el año 511 falleció Clodoveo, con tan solo 46 años. Su extenso reino, el cual abarcaba desde el Rin hasta los Pirenaicos se repartió entre cuatro de sus hijos: Teodorico I en Austrasia, Childeberto I en París, Clodomiro en Orleans, y Clotario I en Neustria.

Austrasia de Teodorico I en Verde
París de Childeberto I en Amarillo
Orleans de Clodomiro en Rosado
Neustria de Clotario I en Naranja

El reinado de Clodoveo fue vital para la consolidación del Reino Franco, quien a través de su conversión al Cristianismo, la conquista de la Galia, y su políticas económicas, terminó definiendo el sistema feudal que se llevaría a cabo en Europa Occidental por el siguiente milenio.

Referencias Bibliográficas

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