Alejandro Magno y los Macedonios

La Hegemonía de Filipo II

En el 356 a.C., Filipo II fue nombrado rey de Macedonia. El ascenso de Filipo al trono supuso una ruptura con sus predecesores, ya que Macedonia había sido un reino infravalorado, ajeno al resto de Grecia y había tenido pocos monarcas competentes.

Para aquel año Grecia no gozaba de una polis hegemónica: Esparta se encontraba en ruinas tras la Guerra de Tebas, Atenas traspasaba una flemática recuperación, y durante el efímero protagonismo de Tebas, Grecia no logró recuperar ni su prestigio ni su supremacía. Esta serie de desventuras fueron diligentemente aprovechadas por el emblemático rey macedonio.

Escultura Facial de Filipo II de Macedón

Filipo II tenía la visión de expandir sus dominios, y gracias a sus habilidades políticas, diplomáticas y militares, incorporó la Calcídica, el sur de Tracia, y Tesalia entre sus territorios sojuzgados. En esta última, los tesalios lo nombraron arconte, y fue introducido al resto del mundo heleno. Durante sus iniciales conquistas se apodera de la ciudad de Anfípolis, y de Creneidas, la cual Filipo la bautizó como Filipolis. Fue en Filípolis donde los macedonios se hicieron con el control de la producción de oro.

Tras la IV Guerra Sagrada (en la cual Filipo II se enfrentó a Tebas y a Atenas por el control de Beocia, Ática y el Peloponeso) Macedonia conquistó toda la hélade. Con su victoria decisiva en la Batalla de Queronea, en el año 338 a.C, Filipo mandó a llamar a todas las polis griegas en la Liga de Corinto. La Liga de Corinto fue un gobierno confederado panhelénico que tenía como objetivo reconstruir y darle un cese a las hostilidades entre las polis.

En Naranja el Reino de Macedonia, en Amarillo las Polis miembros de la Liga de Delos, en Azul las polis neutrales, y en Lavanda el Imperio Aqueménida

Mientras en Grecia Filipo II conseguía la predominancia sobre las polis griegas, en Persia se creó un vacío sucesorio que había dejado el difunto rey Artajerjes III. Vacío que fue llenado por Darío III Codomano, quien ahora recae la responsabilidad de continuar con la centenaria Dinastía Aqueménida.

La Sucesión de Alejandro III

En el año 356 a.C., nació Alejandro Argéada en Pella, capital del Reino de Macedonia. Él era vástago del rey Filipo II (quien asumió el trono ese mismo año) y Olimpia de Epiro. Durante su infancia, su padre se encomendó la tarea de que su hijo recibiera una educación integral la cual esté orientada en todos los aspectos y campos pertinentes. Para ello su padre hizo al archiconocido Aristóteles como preceptor y maestro del joven príncipe, quien le concedió una formación pedagógica completa. Aristóteles lo adiestró en filosofía, matemática, ética, geografía, literatura, política, retórica y un largo etcétera.

Alejandro (izquierda) y Aristóteles (derecha)

Además de recibir una educación privilegiada por parte del filósofo griego, recibió una rigurosa formación militar por mandato de su padre.

En el año 336 a.C., Filipo II es asesinado por su propia guardia producto de una conspiración. Cuando muere su padre, Alejandro asumió la sucesión del trono con apoyo de su madre, Olimpia de Epiro, y de sus aliados más cercanos. En el palacio real de Pella (capital macedonia) es nombrado como Alejandro III.

Las Campañas Iniciales

Tras eliminar los cabos sueltos, y sofocar distintas rebeliones, Alejandro decidió poner en marcha los últimos planes de su difunto padre: invadir y conquistar el Imperio Persa.

En el año 334 a.C., tras nombrar como generales a sus amigos y hombres de confianza, cruzó los Dardanelos liderando un monumental ejército de 37 000 hombres. De los cuales 12 000 eran de la falange macedónica; la cual era una formación de infantería en donde las tropas delanteras posicionaban sus lanzas en forma horizontal mientras avanzaban.

Falange Macedónica

El ejército de Alejandro consiguió grandes victorias en las costas egeas de Anatolia: primero venció a los persas en la Batalla del Río Gránico, y luego se movió al sur donde recuperó las polis griegas del este (las cuales se encontraban bajo dominio persa), como Mileto, Éfeso o Halicarnaso. Después de reemprender la conquista, apoderándose de gran parte de Anatolia, logró asestarle una gran victoria a los persas en la Batalla de Issos. En este enfrentamiento, Alejandro se encaró por primera vez, con quien sería su principal adversario en sus conquistas: el rey de Persia, Darío III.

Campaña de Anatolia

Tras vencer a Darío III en Issos, Alejandro se apoderó de la actual provincia turca de Hatay, donde fundó la ciudad de Alejandreta. Luego avanzó por Siria, Fenicia y Gaza (territorio bajo dominio persa), mientras avanzaba tomaba ciudades y construía otras. Algunas ciudades lo vieron como un liberador, mientras que otras se resistieron, ya que permanecían leales a sus dominadores persas. Es conocido el Asedio de Tiró, ciudad estratégica para los persas, ya que era su acceso al Mediterráneo, la cual era de vital importancia para Alejandro tomar.

Egipto y la Fundación de Alejandría

Con la toma de las ciudades levantinas, Alejandro tenía la vía libre hacia la civilización de las pirámides. Los egipcios recibieron a los macedonios como liberadores, y coronaron a Alejandro como faraón en Menfis.

Durante su estancia en Egipto, visitó el Santuario de Amón en el Oasis de Siwa, mostrando su reverencia hacia la cultura egipcia, lo que le ganó el respeto de las élites locales.

Estatuilla de Granito de Alejandro Magno como Faraón de Egipto

Además, Alejandro no desaprovechó la oportunidad de fundar otra ciudad con su nombre: Alejandría, en el 331 a.C. De hecho Alejandro llegó a fundar hasta 50 ciudades con su nombre, pero ninguna fue tan esplendorosa ni próspera como esta. De varias formas Alejandría representó el auge cultural de un Egipto moderno, y un centro de prosperidad económica.

Años más tarde, se llegó a construir el Faro de Alejandría, una torre de 100 metros de alto, que llegó a representar la gran preponderancia que adquirió la ciudad. Esta edificación es conocida como una de las siete maravillas del mundo antiguo.

Reconstrucción Histórica de Alejandría

Gaugamela y el Sometimiento Definitivo de Persia

Tras dejar Egipto, Alejandro y su ejército comenzaron a marchar rumbo a Mesopotamia, donde Darío III había reunido un gran ejército que supondría el fin de los macedonios. En el año 331 a.C., este encuentro largamente esperado sucedió en medio del desierto, en la Batalla de Gaugamela.

Darío III Codomano en Gaugamela

Darío superaba abismalmente a Alejandro en números, pero eso no les impidió a los macedonios asestar una victoria pírrica contra los persas, parcialmente gracias a la mente estratégica de Alejandro. Mientras su ejército se desmoronaba, Darío III escapó hacia el este, dejando Mesopotamia para siempre. Este enfrascamiento supuso el fin del Imperio Persa Aqueménida, ya que desde este punto en adelante, todas la acciones de Darío fueron retroceder y huir.

Batalla de Gaugamela

Tras su victoria en Gaugamela, Alejandro entró triunfalmente en Babilonia, donde quedó totalmente maravillado. Se sorprendió al ver las Puertas de Isstar, los Jardines Colgantes, el Templo de Marduk, el Zigurat de Etemenanki, y todas las grandes maravillas de la ciudad. Alejandro quedó tan encantado por Babilonia que consideró gobernar desde ahí a todos los pueblos que sometiera o conquistara.

Tras su estancia en Babilonia, Alejandro no tardó en tomar Susa y la capital persa: Persépolis, donde Alejandro incendió el palacio real. Fue en Persépolis donde se autonombró rey de reyes, y para ganarse la confianza de sus nuevos súbditos adoptó las costumbres de las tierras conquistadas, motivando la ”helenización” de todo oriente, así como el mestizaje cultural. Alejandro mostró el ejemplo al casarse con la noble persa Roxana. Todo esto con la ambición de formar un Imperio Universal.

El Viaje hasta el Fin del Mundo

Mientras el imperio de Alejando se volvía más inabarcable, Darío III seguía huyendo. Y tras una conspiración por parte de sus sátrapas acompañantes, terminó siendo asesinado por uno de sus nobles, Bessos, quien se proclamó rey de Persia con el título de Artajerjes V.

Cuando Alejandro se enteró, su necedad y megalomanía lo consumaron, y se propuso vengar a Darío. Iniciando una rigurosa y larga persecución que llevó a los macedonios al Mar de Aral. La persecución terminó con la captura y ejecución de Bessos en el 329 a.C. Durante todo el trayecto Alejandro tuvo que soportar motines, lo que lo volvió paranoico y desconfiado con sus más allegados, resultando en la ejecución de varios de sus amigos bajo el cargo de traición y conspiración.

Alejandro se propuso continuar el viaje a este, atravesando la cordillera del Indu Kush. Lo que le llevó al Punjab (actual Pakistán), Kabul (capital afgana), Cachemira (región al norte de India y Pakistán) y al Valle Indus. En la India, Alejandro se alió con varios reyes locales y luchó contra varias tribus hindúes. Uno de estos enfrentamientos ocurrió en la Batalla de Hidaspes en el 326 a.C, contra el rey hindú Poros y su ejército montado en elefantes.

Conquista de la India

Esa batalla marcó un punto de inflexión para el devastado ejército macedónico, y para el mismo Alejandro, ya que ahora varios querían volver a casa y dejar las conquistas. Además, durante la Batalla de Hidaspes murió Bucéfalo, el caballo y compañero de Alejandro durante todo el viaje. En su honor, Alejandro fundó una ciudad llamada Alejandría Bucéfala.

Imperio Macedónico y los Viajes de Alejandro Magno

Ya internado en el corazón de la India, Alejandro, presionado por sus hombres, reemprendió el regreso a Grecia. Alejandro aceptó a regañadientes porque él quería llegar al ”fin del mundo”. Durante el recorrido, el ejército macedonio atravesó el Desierto de Gedrosia. Durante el trayecto muere Hefestión, mejor amigo (y puede que amante) de Alejandro, debido a la tifoidea. Alejandro se enfermó de malaria, y vivió sus últimos días en Babilonia, sin un claro heredero y con un frágil imperio.

Finalmente falleció en el 323 a.C., tiempo después se le dió el apodo de Alejandro Magno, el gran rey de reyes, que grabó su nombre en piedra para el resto de la historia. Sus conquistas llevaron la influencia helena a varias partes del mundo. En cuanto a Grecia, su muerte dio fin a la Época Clásica y da inicio a un nuevo periodo: el Periodo Helenístico.

Referencias Bibliográficas

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